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Domund, Jornada Mundial de las Misiones

Un año más, la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund, nos sitúa ante una realidad que debería estar siempre presente en nuestras intenciones, en nuestras plegarias, en nuestra vida de cristianos. Me refiero a que la Iglesia es esencialmente misionera, y que es una dimensión que no podemos separar de nuestra condición de bautizados.

Sí, la Iglesia es misionera y, por tanto, lo somos nosotros también. Lo somos, aunque Dios no nos haya llamado a ir a un país lejano, porque también aquí, en el sitio donde vivimos, somos y debemos ser también misioneros con nuestra vida, con nuestro ejemplo y nuestra oración.

«Corazones ardientes, pies en camino», este es el lema de la Jornada de este año. Y este lema significa que, para ser misionero, necesitamos un corazón encendido de amor y el deseo de comunicarlo en el camino de la vida. Pero solo con un encuentro con el Señor Resucitado se puede encender este fuego, solo así se puede mantener encendido y extenderlo allá por donde vayamos. Como aquellos discípulos de Emaús, que caminaron con Jesús sin reconocerle, hasta que le descubrieron sentados a la mesa al partir el pan. Entonces se abrieron sus ojos, se encendieron sus corazones y se convirtieron en misioneros, y fueron corriendo a comunicar la noticia a sus compañeros. Dice el evangelio de san Lucas que: «Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció de su presencia. Y se dijeron uno a otro: ¿No es verdad que nuestro corazón se ardía dentro de nosotros mientras nos hablaba por el camino y nos abría el sentido de las Escrituras? Entonces se levantaron de la mesa y volvieron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los once y a los que estaban con ellos, que les dijeron: ¡Realmente el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón! Y también ellos les contaban lo que había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido cuando partía el pan» (Lc 24, 30-35).

Corazones ardientes, como los de los discípulos de Emaús, y pies en camino también como ellos, para ir al encuentro de los hermanos y comunicar el fuego de la fe, la vida de Jesús, esto es ser misionero. En su mensaje por esta Jornada, Domingo, 22 de octubre de 2023 el Papa nos dice que aquellos discípulos, que se volvían tristes y desanimados, vivieron una experiencia de fe Pascual. Fue el encuentro con aquel personaje misterioso que les abrió el «sentido» de las Escrituras, y que después, una vez en la mesa, y con unos gestos concretos, pudieron reconocerlo: tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Gestos ordinarios de un padre de familia judío, pero que, realizados por Jesús, y con la acción del Espíritu Santo, los transformó en misioneros.

Oremos hoy por los misioneros, por todos y especialmente por los de nuestra diócesis, y colaboremos también económicamente para ayudarles, porque lo necesitan. Pero no lo hagamos solo una vez al año. Vivamos la dimensión misionera de nuestra condición de cristianos todos los días de nuestra vida allá donde Dios nos ha puesto.

+ Salvador Cristau Coll

Obispo de Tarrasa

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