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Catherine Doherty: levántate y ve

Laica, sin cargos ni hábito, fue madre espiritual de sacerdotes, fundadora de comunidades y puente entre la tradición oriental y la occidental en una época en que poco de eso se esperaba de una mujer

La biografía de Catherine Doherty (Nizhni Nóvgorod, 1896 – Combermere, 1985) podría leerse como un largo desprendimiento: de la patria, de la fortuna, de sí misma. Nada de lo que perdió dejó un vacío. Hija de una familia acomodada del Imperio ruso, creció respirando la espiritualidad ortodoxa que años más tarde traería consigo, como un tesoro de exiliada, al corazón de la Iglesia católica. Enfermera en el frente durante la Primera Guerra Mundial, conoció de cerca el horror y, con la revolución, el hambre y la huida. En 1919, ya refugiada en Londres, fue recibida en la Iglesia católica.

Emigrada a Canadá con su primer marido, conoció la pobreza de los inmigrantes y, después, una prosperidad inesperada como conferenciante en Nueva York. Pero el éxito no la sació. Con el matrimonio roto y el alma inquieta, una frase del Evangelio se le imponía cada vez que abría la Biblia: levántate, ve, vende lo que tienes y sígueme. En 1932, con la bendición de su obispo, repartió sus posesiones y se instaló en los barrios más miserables de Toronto. No llevaba ningún plan, solo la certeza de que el Evangelio se vive sin componendas o no se vive.

De aquella intuición nació Friendship House, primero en Toronto y luego en el Harlem de 1938, donde esta aristócrata rusa se convirtió en pionera de la justicia interracial dentro del catolicismo norteamericano, compartiendo techo y mesa con la comunidad negra cuando pocos en la Iglesia se atrevían a hacerlo. Allí, entre incomprensiones y calumnias, que también formaron parte de su cruz, fue madurando una espiritualidad de lo pequeño. «Haz pequeñas cosas extraordinariamente bien por amor a mí», reza su Pequeño Mandato, esa destilación del Evangelio que sintió recibida de Dios y que marcó toda su obra.

En 1947, casada ya con el periodista Eddie Doherty, se retiró al pueblo canadiense de Combermere con la intención de descansar, pero Dios tenía otros planes. De nuevo, la gente acudió a ella, y nació una comunidad, Madonna House, una familia apostólica de laicos, laicas y sacerdotes que hoy sigue viva en varios continentes. Su propio matrimonio acabó absorbido por la obra: en 1955, los Doherty hicieron votos de pobreza, castidad y obediencia, y en 1969 Eddie fue ordenado sacerdote de la Iglesia grecocatólica melquita. Madonna House es su obra más fecunda y duradera, y también el lugar desde el que escribió más de 30 libros. Entre ellos, Poustinia, un clásico espiritual que regaló a Occidente la tradición rusa del desierto.

Laica, sin cargos ni hábito, Catherine Doherty fue madre espiritual de sacerdotes, fundadora de comunidades y puente entre la tradición oriental y la occidental en una época en que poco de eso se esperaba de una mujer. Es sierva de Dios desde el año 2000, con la causa de canonización abierta. Pero quizá su aportación más duradera no dependa de los altares: demostró que una vida corriente, sin plataformas ni poder, puede ensanchar la Iglesia desde dentro.  

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