Este 2026 se conmemora el 75 aniversario de la puesta en marcha del Instituto de Estudios Madrileños, del cual me honro en ser miembro colaborador. Su primer presidente fue el precisamente madrileño Agustín González de Amezúa Mayo ( Madrid, 1881-1956). Por ser considerado bibliófilo llegó a pertenecer a la Real Academia Española en 1929, plena Edad de Plata, teniendo como maestro al científico católico también de la Edad de Plata Francisco Rodríguez Marín, que le dio la bienvenida a dicha institución.
Nacido en Madrid el 30 de agosto de 1881, González de Amezúa, estudió el bachillerato en un colegio de jesuitas en Valladolid se licenció y doctoró en Derecho en la Universidad Central de Madrid en 1901. Pronto comenzó a escribir en distintos periódicos de la época, como el ABC y La Vanguardia y en 1909 logró consagrarse con el premio Medalla de Oro concedido por la Real Academia Española por el estudio de Cervantes y Lope de Vega en su obra El casamiento engañoso y Coloquio de los perros, publicada en 1912.
A partir de entonces comenzó a publicar de manera constante libros de distintas temáticas; rescató del olvido a clásicos como Juan Rufo, Juan Enríquez de Zúñiga, fray Martín de Castañega, el padre Antonio Andrade, María de Zayas y Rey de Artieda. Llevó a cabo la edición de algunos libros del siglo xvi, como el Jardín de flores curiosas, de Antonio Torquemada (1943), dedicando como su maestro a Cervantes y Lope de Vega estudios muy importantes. Publicó, también, estudios biográficos sobre Don Pedro José Pidal (1913), El marqués de la Ensenada (1917) e Isabel la Católica, reina de España (1950). Asimismo, trabajó junto con otras destacadas personalidades en la continuación de la Colección de documentos inéditos para la historia de España, que habían comenzado un siglo antes Miguel Salvá, Martín Fernández de Navarrete y Pedro Sainz de Baranda.
También se consideró discípulo del bibliófilo y erudito católico vocal fundacional de la Junta para Ampliación de Estudios en Investigaciones Científicas (JAE) Marcelino Menéndez Pelayo, en cuya creación más de la mitad de los vocales he demostrado que fueron católicos fervientes y que alguno de ellos huyó del Ejército del Frente Popular por miedo a ser asesinado. González de Amezúa fue miembro de la Junta de Patronato de la Biblioteca Nacional y comendador de la Corona de Italia. Además de a la Española, González de Amezúa perteneció a la Real Academia de la Historia desde 1944, y fue su director desde 1953 hasta su muerte en 1956. Fue también numerario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, donde ocupó el cargo de bibliotecario. Es decir, se formó en la Edad de Plata y continuó investigando después de 1936, siendo enviado a México como observador durante el primer Congreso de Academias de la Lengua Española (1951), evitando que esa corporación se deshiciera y preparando el terreno para el segundo congreso, que se celebró en Madrid en 1956. Contestó el discurso del malogrado Ramiro de Maeztu, pensador católico impulsor del concepto de «hispanidad», asesinado por el Ejército del Frente Popular, motivo por el que sufrió subtierro forzado por el ateísmo.
Como historiador destacó su biografía sobre Isabel de Valois; rescató del olvido a clásicos como Juan Rufo —prologó Las seiscientas apotegmas—, Juan Enríquez de Zúñiga, fray Martín de Castañega, el padre Antonio Andrade, María de Zayas y Rey de Artieda; publicó ensayos sobre el marqués de la Ensenada y Jacinto Octavio Picón y llevó a cabo la edición de algunos libros del siglo XVI —Jardín de flores curiosas, de Antonio Torquemada, 1943—. El estudio sobre Cervantes y Lope de Vega titulado El casamiento engañoso y El coloquio de los perros, le valió en plena Edad de Plata la Medalla de Oro de la Real Academia Española en 1909, Se ocupó de la edición de la Obra completa de Ramón Nocedal (1907-1914) y publicó estudios biográficos sobre Don Pedro José Pidal, 1913, El marqués de la Ensenada, 1917, e Isabel la Católica, reina de España, 1950; trabajó junto con otras destacadas personalidades en la continuación de la Colección de documentos inéditos para la historia de España, que habían comenzado un siglo antes Miguel Salvá, Martín Fernández de Navarrete y Pedro Sainz de Baranda .
Militó en la Comunión Tradicionalista, organización política del movimiento carlista, establecida legalmente en 1869, conocido antes de 1868 como «Comunión monárquico-religiosa» y «Comunión Católico-Monárquica», que defendía lo que consideraba la tradición política de España sintetizada en su lema: «Dios, Patria, Rey». En nombre de tal institución firmó una carta dirigida al General Franco para que abandonase su régimen autoritario y restaurar la monarquía.
El Instituto de Estudios Madrileños está vinculado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, mayor institución científica dela historia de España, en la que han trabajado infinidad de científicas y científicos católicos practicantes como el que suscribe.








