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Católicos y científicos: Román de Vicente Jordana

Román de Vicente Jordana nació el 6 de septiembre de 1920 en Zaragoza. Maestro nacional en 1940, se licenció en Farmacia en 1949 y en Medicina y Cirugía en 2003. Se doctoró en Farmacia con Premio Extraordinario y en Medicina. Fue profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Master of Science en la Universidad de Cambridge, Inglaterra en 1957 —en una época en la que nos cuentan algunos que España estaba aislada a cal y canto— y consejero adjunto y exvocal del Consejo Técnico Asesor del Patronato Santiago Ramón y Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Al licenciarse fue invitado por el jefe de Departamento a integrarse como profesor de Clases Prácticas en la Cátedra de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid. Fue también en el CSIC jefe del Departamento de Bacteriología y de la Unidad de Fitobacteriología del Instituto de Microbiología Jaime Ferrán del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Fue un experto internacional en el estudio de las enfermedades infecciosas de las plantas, algo de sumo interés para la agricultura.

Román recibió becas y ayudas, principalmente, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Fundación Juan March. También premios, entre los que se encuentran el Alonso de Herrera y el Leonardo Torres Quevedo, y el premio de honor de la Academia Internacional de Lutecia en París.

Fue numerario de la Real Academia Nacional de Farmacia de España, de la Academia de Arte y Ciencias de Estocolmo, honorario de la de Medicina de Río de Janeiro y correspondiente de la Sociedad Argentina de Microbiología.

Participó en diversos congresos, fue responsable de la organización de la Primera Reunión de Microbiólogos iberoamericanos, en 1966, de las Jornadas Internacionales de Organización Científica, en 1973, y el Simposio de Genética y Ética, en 1977, y publicó diversos artículos científicos, la mayoría en el extranjero, así como siete libros y 20 ensayos. Participó en la formación de científicas como la insigne microbióloga Ramona Beltrá Martínez de Velasco (1928-2024), indiscutible pionera en bacteriología fitopatológica.

En la Sesión Necrológica en memoria de Román de Vicente Jordana, que la Real Academia de Farmacia le dedicó el 25 de mayo de 2017, de la cual está tomada la mayor parte de este artículo, Francisco González de Posada, académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina y correspondiente de la de Farmacia, glosó su ferviente catolicidad en el artículo Román de Vicente, creyente.

En el que se recogen afirmaciones como las siguientes:

«Su fe era excelsa, sublime, excesivamente grande, en contraste con un mundo actual caracterizado bien por el dominio de la increencia, bien por el del relativismo —en consonancia con el cientifismo y el racionalismo—, significado mediante la expresión todo vale… Román, creyente, sí, en la fe cristiana católica apostólica romana. Su fe religiosa cristiana católica apostólica romana, firme en sí, no le impedía respetar otras manifestaciones de fe, quizás en actitud recibida en su contacto con el mundo científico británico. Esta convicción la ponía de manifiesto con suma satisfacción al difundir la idea de que la Cofradía Internacional de Investigadores de Toledo admitía en su seno a los creyentes en un único Dios personal y con esta actitud asistía todos los años a los actos conmemorativos de la investidura de nuevos cofrades en San Juan de los Reyes y en la procesión del Corpus Christi, jornada esta la más significativa de la manifestación popular anual de la ciudad imperial. Creyente, pues, respetuoso con las creencias ajenas, al menos en el marco de la conquista histórica de la filosofía occidental de raíz judeocristiana basada en la racionalidad filosófica de que si existe dios ha de ser único, como expresan, al margen de sus disputas históricas y de las barbaridades cometidas en su   Hombre de fe, fe religiosa en el Dios uno y trino católico, fe en sí mismo, fe en su ciencia y en su obra científica siempre a punto de concluirse, fe un su sistema de razón. Y se nos ha ido y con él se ha llevado su singularidad: su firmeza y su constancia, su seguridad y sus esperanzas. Hoy descansa en la paz que le ofrecieron su manifiesta seguridad, su razón, su ciencia, su Dios».

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