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Confidencialidad y discreción sobre los trabajos sinodales

El pasado miércoles 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, desde el Vaticano se dio a conocer la nueva exhortación apostólica del papa Francisco, que habla de la ecología y la justicia social, lleva el nombre de Laudate Deum y se trata de una actualización del documento Laudato si’ en la que, ocho años atrás, reflexionó sobre el cuidado de la casa común. El texto del Pontífice, dirigido a todas las personas de buena voluntad, fue presentado al día siguiente en conferencia de prensa desde los jardines vaticanos, los encargados fueron un Premio Nobel de Física y otros activistas.

Pero el evento más importante de la semana fue la inauguración de la Asamblea del Sínodo, que durará todo este mes, reuniendo a 380 representantes del pueblo de Dios, que han llegado desde los cinco continentes. En el aula sinodal se ve a cardenales, obispos, laicos, religiosos, activistas y consagrados, que debaten y reflexionan sobre la gobernabilidad de la Iglesia y cómo está respondiendo, o debe responder, a las necesidades de la humanidad contemporánea.

Por un lado, un sector de la prensa interesada en el hecho religioso ha creado expectativa sobre posibles cambios doctrinales. La realidad es más sencilla, porque los participantes son conscientes que se trata de un proceso de discernimiento, en clima de oración y reflexión. Tal vez habrá tensiones, pero serán parte del proceso con la conciencia de que todos somos hijos de Dios. No se trata de una reunión parlamentaria o un plan de reformas, así lo ha explicado el Papa, quien no se cansa de repetir que no es una reunión política, ni un parlamento polarizado, sino un lugar de gracia y comunión, convocado en el Espíritu.

Ahora bien, debido a este clima de discernimiento, el Papa, en su calidad de presidente de la Asamblea, ha sugerido mantener un clima de confidencialidad y discreción sobre los trabajos sinodales, por lo que la comisión de comunicación de la Asamblea Sinodal, a través del sistema comunicativo de la Santa Sede (esto incluye la Oficina de Prensa), divulga información sobre lo que está sucediendo, pero sin entrar en detalles de quién dijo qué o quién no estuvo de acuerdo en tal cosa. La narrativa que se presenta está lejos de la lógica del Gran Hermano y se esfuerza por alejarse de las dinámicas de lobbies, agendas preparadas, prejuicios o etiquetas. Al mismo tiempo, este evento se está narrando a sí mismo, a través de imágenes y reflexiones que los mismos participantes publican en sus redes sociales, sin mencionar que varios momentos del calendario de trabajos son transmitidos abiertamente en varios idiomas.

Nos toca cerrar nuestra crónica vaticana con otro hecho informativo importante, pues el lunes 2 de octubre, el Papa respondió a las preguntas de un grupo de cardenales sobre temas relativos a la interpretación de la Revelación Divina, la bendición de las uniones entre personas del mismo sexo, la sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia, la ordenación sacerdotal de las mujeres y el arrepentimiento como condición necesaria para la absolución sacramental. Desde estas líneas, consideramos fundamental leer con detenimiento las respuestas del Santo Padre para no quedarse en los titulares, o simplemente en la búsqueda de respuestas blancas o negras ante cuestiones tan relevantes.

Recemos más que nunca por la paz dentro y fuera de nuestras fronteras.

Ariel Beramendi es sacerdote y comunicador
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