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Congreso La Iglesia en la Educación: un frente común evangelizador

Colegios, universidades, diócesis, profesores, familias y educadores católicos de muy distintos ámbitos buscan crear un espacio de trabajo conjunto para dar respuestas coordinadas y eficaces a los desafíos de una sociedad cada vez más secularizada

Covadonga se prueba con ilusión el chándal del uniforme y prepara con entusiasmo su pequeña mochila, igual que ve hacer a sus tres hermanos mayores. A sus 3 añitos está tan feliz de empezar «el cole de mayores» que no pierde ocasión de decírselo a los abuelos, a los vecinos, al párroco y hasta al repartidor de Amazon, si se pone a tiro. Obviamente, ella no lo sabe, pero ese «cole de mayores» es uno de los más de 2.500 centros católicos que hay en España, y que cada día abren sus puertas a más de un millón y medio de alumnos. O lo que es lo mismo, a cerca del 20 % de los escolares de todo el país, según los últimos datos del Ministerio de Educación.

Semejantes cifras dejan entrever la enorme presencia de la Iglesia en el ámbito de la enseñanza, y también el gran impacto que su labor educativa tiene para toda la sociedad española. Una misión que está «profundamente enraizada en nuestra historia, y que se lleva a cabo no solo a través de los colegios de ideario católico, sino en cada lugar en el que hay un educador que quiere vivir como un discípulo misionero», como explica a ECCLESIA Pedro Huerta, secretario general de Escuelas Católicas, la principal patronal de centros concertados de España. 

Un encuentro en dos fases

Precisamente, para alinear en una misma sintonía a todos esos agentes educadores implicados en transformar la sociedad a través de la enseñanza, la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha convocado la celebración del congreso La Iglesia en la Educación. Presencia y Compromiso. El encuentro, organizado por la CEE con el apoyo de las principales asociaciones educativas de la Iglesia, abordará los nueve ámbitos en los que la Iglesia está presente en el ámbito educativo y se desarrollará en dos fases: la primera, en octubre de 2023, a través de una serie de paneles de experiencias, y un congreso final en febrero de 2024. 

Así explica esta particular estructura Raquel Pérez Sanjuán, directora de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura: «A partir de octubre, los paneles de experiencia y participación presentarán en directo algunas buenas prácticas de cada uno de los nueve ámbitos de presencia educativa de la Iglesia. Y habrá, también, una invitación a compartir otras buenas prácticas por parte de todo aquel que lo desee —instituciones o personas a título particular—. Además, cada panel supondrá la apertura de una consulta sobre los desafíos que identificamos como Iglesia en la educación, a nivel local y global». 

La síntesis de todos los paneles cristalizará en el congreso presencial que se celebrará en Madrid el 24 de febrero de 2024, y que busca «responder a la llamada del Papa a un Pacto Educativo Global, y abrir espacios de diálogo ad intra y ad extra, tanto con nuestras sociedades plurales y diversas como entre los diversos agentes educativos de la Iglesia. Porque para impulsar, apoyar y facilitar el trabajo de los otros es imprescindible, en primer lugar, conocer de primera mano su labor», remarca Raquel Pérez.

Esperanza ante el laicismo

Por primera vez, el encuentro permitirá un trabajo común y coordinado entre diócesis, patronales de centros, profesores, entidades familiares, universidades y organizaciones de educación no formal. Todo ello «sin deseo de reivindicar, que es una palabra con connotaciones políticas o sindicales, pero sí con una intención clara de evangelizar y de mostrar, con esperanza y decisión, la gran aportación que hace la Iglesia a la sociedad», explica Pedro Huerta.

Como destaca el secretario general de Escuelas Católicas, que es también sacerdote trinitario, «hoy mucha gente parece no darse cuenta de que vivimos un momento de secularización muy fuerte, con un gran desprestigio de lo que la Iglesia y el cristianismo aportan a la sociedad». «Además, vivimos una situación política y social de acoso y derribo a la labor de la Iglesia, a través de leyes educativas y de la actuación de muchas administraciones radicalmente contrarias a nuestro modelo educativo y humano, al que no podemos ni queremos renunciar, porque es una presencia generadora de cambio y de esperanza», matiza. 

Por eso, apunta Pedro Caballero, el presidente de la principal asociación católica de familias, CONCAPA, «en un momento social y político tan complicado, que pretende eliminar de un plumazo cualquier referencia a lo católico y a lo religioso, tenemos que dar testimonio como creyentes y como católicos, sobre todo en el campo de la educación, pues por medio de la formación integral de la persona conseguimos hombres y mujeres libres y críticos, y no dirigidos y adoctrinados».

Identificar los grandes retos

Además de poner en relación a todos los agentes educativos, otro de los principales objetivos del congreso es que todos aquellos implicados en el ámbito de la formación y la enseñanza puedan identificar los grandes retos a los que se enfrenta la Iglesia en la educación y cómo darles respuesta de forma conjunta.

«Nuestra sociedad ha cambiado mucho en muy poco tiempo —apunta para ECCLESIA Begoña Ladrón de Guevara, presidenta de la Confederación de Padres de Alumnos (COFAPA)—, por la diversidad sociológica de las familias, el descenso de la natalidad, la incorporación de la mujer al trabajo, la irrupción de internet y de personajes como youtubers e influencers como agentes educativos, la soledad de muchos niños… Y nosotros, familias, padres y docentes, sin darnos cuenta, hemos dejado de ir de la mano, a pesar de que nos une lo mismo, que es cada niño y cada niña». 

Por eso, «el Congreso nos permitirá hacer frente común para pararnos y pensar, sin juzgar ni a las familias ni a los colegios o a las universidades, cómo enfrentarnos a los nuevos retos». Y pone un ejemplo muy evidente, que puede servir tanto a los colegios y centros educativos como a las parroquias. Es el siguiente: «Un caso sintomático de falta de entendimiento, que afecta muy negativamente a los niños y a nuestra labor evangelizadora, es cómo han cambiado los horarios de trabajo y la disponibilidad de los padres para ir a tutorías, reuniones escolares o a actividades del colegio que nos permitan generar comunidad y acabar con la endémica soledad de las familias. Esas reuniones se siguen haciendo en el mismo horario que hace 20 años, pero ahora los padres no pueden acudir. Y es una cuestión que no depende de los centros, ni de los padres, y ni siquiera del Ministerio de Educación. Es un problema social, sin apellidos, que afecta a diferentes ministerios y administraciones, y en el que tenemos que hacer frente común para el bien de los niños».

Cómo acompañar a padres y profesores

Otro de los problemas básicos a los que se enfrentan los profesores y los centros de la Iglesia, y que tendrá especial relevancia tanto en los paneles como en el congreso, es el acompañamiento —personal y espiritual— de los docentes, como explica Alfonso Aguiló, presidente de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE): «El acompañamiento es una necesidad global de toda la comunidad educativa, porque la principal innovación no está en las metodologías, sino en la creatividad diaria del profesor que conoce a cada alumno y a cada familia, y sabe tratar a cada uno como necesita, aunque esa persona muchas veces no lo sepa o no sea capaz de expresarlo». 

De hecho, tal y como añade Begoña Ladrón de Guevara, «el ideario católico del centro, que es su razón de existir, suele estar muy claro, pero quien lo hace vivo son los profesores a través de su testimonio, y por eso uno de los grandes retos es que los profesores vivan el ideario del centro, prestigiando la profesión docente». De ahí que, como matiza Alfonso Aguiló, en la actualidad «la escuela debe trabajar con un profundo sentido de servicio, de misión, de ayuda, fruto de una mirada de comprensión sobre la realidad del momento, que precisa de un especial espíritu de entendimiento, de afecto, de acogida, de misericordia, y de un mensaje y un enfoque más proactivos, de más esperanza, menos lamentos y más deseo de hacerlo mejor cada uno, no solo los demás». De este modo, el congreso también abordará el modo de llevar a cabo el acompañamiento del profesorado, «un empeño que permita atraer el mejor talento para la educación, y que haga que el compromiso por educar, tanto en la familia como en la escuela, tenga cada vez mejor consideración y reconocimiento social», en palabras del presidente de CECE.

Valorar lo que no se ve

Al abordar la presencia y el compromiso de la Iglesia en la educación, este proceso pretende «romper» simbólicamente los muros de los colegios o las universidades católicas para poner sobre la mesa la gran aportación que los católicos de distintos ámbitos educativos hacen a la sociedad. Como ejemplifica Pedro Caballero, presidente nacional de CONCAPA, «cuando hablamos de educación, las aportaciones de los católicos a toda la sociedad son muchas, aunque destacan la educación en valores, que es vital para las mujeres y los hombres del mañana; garantizar el derecho constitucional de la libertad de elección, de educación y religiosa; trabajar por la inclusión social de los más desfavorecidos por medio de su formación, tanto intelectual como espiritual; la enseñanza religiosa escolar, que es vital para la formación integral de la persona; y un ahorro económico al Estado, mediante la red de centros concertados repartidos por todo el territorio español».

No obstante, como señala Pedro Huerta, «presentar la labor educativa de la Iglesia solo desde los centros o universidades, o el ahorro económico, sería un reduccionismo, porque eso no consigue reflejar la enorme misión que llevamos a cabo todos los que somos parte de la Iglesia, allá donde cada uno esté. Eso es algo que se va a poder apreciar muy bien en el congreso, por ejemplo a través de los educadores católicos que están en la educación no formal: asociaciones de tiempo libre, grupos de jóvenes y tantos que llevan a cabo su misión muchas veces en barrios de periferia, en entornos muy duros, donde las instituciones no llegan, etc.».

Profesores «en territorio hostil»

Junto a estas entidades, también habrá presencia de los profesores de Religión en centros estatales y de todos aquellos que imparten cualquier otra asignatura en centros no católicos, intentando dar un testimonio constante de su fe, a veces en entornos indiferentes o claramente hostiles. «Nosotros mismos tenemos que ser conscientes del gran trabajo y de la gran labor evangelizadora que hacen esos profesores, incluso los que no son profesores de Religión, y tenemos que buscar cómo estar junto a ellos. Porque si en los colegios de ideario católico ya nos resulta complicado acompañar a los educadores que están dentro del centro, cuánto más difícil es sentirse respaldado y cuidado para los profesores católicos que están en otros lugares, y a los que nadie acompaña», remarca Huerta.

Y todo sin olvidar que el principal agente educativo es la familia, uno de los pilares del congreso, pues su presencia está tanto en los centros de enseñanza como en las parroquias, y necesita tanto ser evangelizada como animada a evangelizar. «Familias hay tantas como niños y, por eso, es muy importante que las familias seamos agentes evangelizadores tanto en los colegios como en las parroquias», explica Begoña Ladrón de Guevara, que, además de presidir COFAPA, es madre de tres hijos. «Tenemos que ser muy conscientes de que cada familia vive la fe de una manera diferente, y que en cada colegio o cada parroquia hay situaciones muy distintas. Por eso, la implicación de la familia en la educación pasa, primero, por acciones grupales que permitan que las familias se conozcan entre ellas, socialicen, creen comunidad y no se sientan solas. Y, después, por recordar que los católicos tenemos que estar al lado de todos, y en medio de todos, para llevarlos al Evangelio». 

A poco menos de un mes para que comiencen los paneles, ya son muchas las entidades, asociaciones y particulares que están mostrando su interés en participar en el congreso, porque «en la misión educadora de la Iglesia cada cual tiene su sitio, su deber, su responsabilidad, todos estamos llamados a cooperar», recuerda Raquel Pérez Sanjuán. Eso sí: aún hay tiempo para implicarse a través de la web.

Todo, para que los más de un millón y medio de alumnos que, como Covadonga y sus tres hermanos, acuden cada día a un centro católico, puedan recibir una educación que refleje de verdad las enseñanzas del Maestro y sean capaces de transformar la sociedad. 

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