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Manos Unidas: guerra al hambre y paz a los hombres

Manos Unidas denuncia en su campaña de 2026 la indiferencia ante la miseria, «una lacra social que mata más que los conflictos armados»

Manos Unidas presentó su campaña de 2026 con el contundente lema «Declara la guerra al hambre», una propuesta que deja bien a las claras el objetivo de la organización: situar el desarrollo y la justicia social en el epicentro de la paz mundial. En un contexto global con 59 guerras activas y donde 673 millones de personas padecen hambre a diario, se subraya que, aunque de manera temporal callen las armas, la erradicación de la miseria es la única vía para alcanzar una estabilidad duradera.

Cecilia Pilar, presidenta de Manos Unidas, defiende la urgencia de este mensaje en entrevista con ECCLESIA: «No hay paz sin derechos. Esta máxima debería resonar en todos los rincones de un mundo sacudido por la violencia». Para ella, esta campaña está impulsada por un imperativo ético, «un llamamiento a luchar contra una lacra que mata más que los conflictos armados». Lejos de limitarse al abastecimiento de comida, la batalla escala hasta el «derecho a tener derechos», englobando educación, sanidad y todas las formas de igualdad.

La organización pretende asimismo lanzar una advertencia a toda la sociedad, pues corremos el riesgo de caer en la «sociedad de la indiferencia» que tan bien identificó —y denunció— el papa Francisco. Cecilia Pilar se muestra indignada con el hecho de que «el hambre ya no tiene prácticamente cabida en los medios de comunicación; se menciona de pasada, como si molestara». Y, pese a que la sociedad española es solidaria ante tragedias cercanas, el hambre sistémica nos toca «como de refilón», cuando sus brutales cifras resultan difíciles de digerir.

Para ilustrar esta triste y violenta realidad, la campaña da voz a diversos socios locales que han hecho de sus vidas una batalla contra la violencia y la pobreza. Desde una primera línea como Colombia, el padre Jesús Albeiro Parra denuncia que «el hambre se ha convertido en una herramienta de guerra», utilizada por los grupos armados para debilitar y someter a las comunidades. Mientras tanto, en Siria, el hermano George Sabe proclama que «sembrar dignidad hoy es preparar la paz de mañana», apostando por microempresas y educación frente al «ciclo infernal» de la miseria. O la hermana Sandra Ramos, mexicana que trabaja en Sierra Leona convencida de que «la educación es el mejor alimento para la paz».

Manos Unidas insiste, de este modo, en que la paz va mucho más allá de la mera ausencia de guerra. «Es imposible hablar de paz si no hay educación, instituciones democráticas estables y justicia económica», denuncia su presidenta. El trabajo en territorios vulnerables busca romper el círculo vicioso donde el hambre es, simultáneamente, causa y consecuencia de la violencia.

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