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El padre Fidelis con beneficiarios del Centro de Trauma de Maiduguri

Cristianos perseguidos en Nigeria: marcados por la fe, no por el sufrimiento

Ayuda a la Iglesia Necesitada apoya el Centro de Trauma de Maiduguri, en Nigeria, donde tratan las heridas psicológicas que deja la violencia, en un acompañamiento experto y profesional que nace de la fe en Cristo

Janada tiene 25 años. Muy pocos para todo lo que ha vivido. Aunque su vida volvió a empezar hace tres, cuando empezó un nuevo camino de conversión y sanación que le ha hecho encontrarse a sí misma y entender quién es: una hija de Dios, cuya dignidad infinita viene, precisamente, de esa relación de filiación.

Esto no es algo fácil de asumir para una chica que lleva toda su vida huyendo del grupo terrorista Boko Haram. Pero más difícil es entender que les ha perdonado. Ha perdonado que la obligaran a abandonar su hogar en el lago Chad, el incendio de su casa y asesinato de varios familiares en su nuevo hogar al sur de Borno, la ejecución de su padre ante sus ojos en la granja familiar de Maiduguri. Él prefirió morir antes que violar a su hija, como le pedían los terroristas. Y también ha perdonado un secuestro de seis días durante el que sufrió torturas a nivel físico, emocional y mental. 

De su liberación hace ahora tres años, pero el aniversario que ella celebra es el del encuentro con el padre Joseph Bature Fidelis, director del Centro de Atención al Trauma de la diócesis de Maiduguri, al que la llevó su madre.

El padre Fidelis, recuerda en una entrevista con ECCLESIA cómo era Janada cuando la conoció: «Parecía un fantasma, padecía alucinaciones y pesadillas». Tras seis meses de terapia, oración y orientación, está muy recuperada y se acaba de diplomar en Salud Tropical y Control de Enfermedades. Terapia porque el acompañamiento que ofrecen en el centro comprende todos los aspectos de la persona, responde a la realidad de las heridas de este pueblo cristiano. De hecho, el padre Fidelis, además de sacerdote, es psicólogo. 

—¿Por qué decidió estudiar Psicología?
—El obispo y yo nos dimos cuenta de que hacía falta ayuda psicológica y que había que formar a los seminaristas en ello. Así que la decisión fue estudiar para ser sacerdote, pero también un experto en Psicología para poder acompañar a esta gente herida.

Durante su estancia en Florencia, donde estudió esta materia, el padre Fidelis recibió malas noticias. Boko Haram seguía asesinando a su gente. Entristecido, entró en la catedral con una petición a Dios: «Dame algo para ellos». Entró en contacto con Ayuda a la Iglesia Necesitada, que fue al terreno a conocer de primera mano la situación y empezó un trabajo conjunto. El fruto de ese trabajo es el Centro de Atención al Trauma, que ha devuelto la vida a Janada y a otras 2.000 personas. Fidelis insiste en que la atención psicológica es fundamental, pero que esta va acompañada de la fe. «Vienen a mí completamente devastados. Mi primera tarea es dignificar a la persona. Eso es lo que hace la fe, iluminar la vida».

El pueblo cristiano de Nigeria, en la región de Maiduguri y también en el resto del país, es un pueblo perseguido, torturado, marcado por el sufrimiento. Según el Informe de Libertad Religiosa 2023 de Ayuda a la Iglesia Necesitada, Nigeria es la nación con más violencia contra los cristianos. En uno de cada tres estados se ha impuesto la ley islámica y de cada ocho asesinados por grupos violentos, siete son cristianos. 

Siendo todo esto verdad, el padre Joseph Fidelis insiste en que lo que les define por encima de todo es la fe. Por eso, este año han vuelto a celebrar la Navidad, porque «sufrimos persecución, sufrimiento, ansiedad, pero queremos celebrar la venida de Cristo con alegría». Una fe que es concreta, «es algo que puedes tocar, que puedes ver en la vida diaria de los cristianos». Hay miles de ejemplos, como el de una mujer enferma embarazada que, en cuanto dejó de sentir a su bebé patear en el vientre, acudió a la iglesia a pedir oraciones. Fidelis pidió al Padre con las manos en el vientre de la mujer y la envió al hospital. Antes de llegar, el niño volvió a patear. «No fue al hospital en primer lugar, decidió ir primero a la iglesia». Lo hizo porque la suya no es una fe ciega, una superstición, sino la conciencia de estar en manos de Dios. Una conciencia cada vez más extraña en Occidente.

—Dice que necesitan que los occidentales les ayudemos a sostener la fe, pero su fe es mucho más fuerte que la nuestra.
—Me entristece mucho que la fe se esté enfriando, que la gente no encuentre razones para ir a la iglesia, que ya no crean en Dios. La civilización occidental es una civilización cristiana, y por ello deberíamos estar agradecidos toda la humanidad por todo lo que nos ha dado la Iglesia. A nosotros nos matan, pero morimos con dignidad, con esperanza en Dios. Tenéis vuestros propios desafíos y debéis buscar respuestas. Pero la ciencia, la técnica y la innovación no responden a todo. Las preguntas fundamentales solo pueden encontrar respuesta en Dios.

A la pregunta de por qué ha perdonado, Janada responde: «Mi madre solía rezar por nosotras cada día y nos enseñó que Dios nos manda perdonar para que tengamos paz en nuestra mente. Dios nos manda perdonar a nuestros enemigos, es parte de nuestra fe cristiana. Yo los perdono cuando rezo. Y ya tengo paz en mi mente. Yo perdono y olvido». 

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