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Reseña de ‘La niña blanca y otros cuentos de Navidad’ de Fabrice Hadjadj

A sus ensayos hay que añadir sus acercamientos, nada aislados, a la ficción literaria, donde se le ve cómodo y donde se adentra sin complejos, muy consciente de que a veces la literatura puede ser vehículo de la verdad, acaso tanto como el discurso filosófico

Sea por el nervio literario que recorre de principio a fin toda su obra, sea por la hondura de sus intuiciones, que vienen a tocar puntos esenciales de nuestra andadura como especie, sea por el nivel de sus intervenciones en público, donde despliega
—con bastante gracia— todo su imaginario sobre la gracia; el caso es que cada nuevo libro de Fabrice Hadjadj (Nanterre, 1971) resulta todo un acontecimiento cultural, y es saludado y celebrado por un público ya amplísimo, entre los que se cuentan sacros y —cada vez más— profanos. A sus ensayos hay que añadir sus acercamientos, nada aislados, a la ficción literaria, donde se le ve cómodo y donde se adentra sin complejos, muy consciente de que a veces la literatura puede ser vehículo de la verdad, acaso tanto como el discurso filosófico. Ya en su último libro pudimos ver en la narración de ciertos acontecimientos las trazas de un «escritor puro», por su manejo del suspense, su capacidad de evocación —que ya conocíamos—, por la fluidez de su prosa y, de nuevo, por las bondades de su estilo. Fue terminar aquella lectura y echar en falta una incursión del autor en la ficción narrativa, plegaria que elevamos y que, a lo que parece, fue escuchada, pues he aquí que sale a la luz, de la mano de la Biblioteca de Autores Cristianos, La niña blanca y otros cuentos de Navidad (BAC, 2024). 

No es una novela, ya nos habría gustado, sino ejercicios de narrativa breve, pero lo que pierde el libro en extensión lo gana, sin duda, en lirismo, profundidad y capacidad de condensación. He aquí una narrativa reducida a lo esencial, dedicada a trasladar con gran elocuencia y muy vivos colores toda la hondura del misterio. Conscientemente alejados de la ñoñería navideña y de los tópicos decorativos invernales, vienen estos tres relatos a hablarnos de personajes marginados, como si saliesen de una Belén existencial, outsiders, parias y segundones en un mundo en donde todo es conflicto y consumo, un mundo que escupe de sí a todo aquel que no está a la altura. Personajes, en todo caso, necesitados de que la gracia nazca, atravesando su vida con la potencia —y delicadeza a la vez— que solo puede hacer el llanto de un niño pequeño.

Un huérfano acorralado por la injusticia, juzgado por su madrastra y acosado por su hermanastro, que le maltrata sin descanso y ante el que no puede siquiera defenderse, protagoniza el primero de los relatos. «La niña blanca» no deja lugar a confusión, y nos narra la historia de una pequeña niña que nace blanca, pero no pálida o albina, sino absolutamente blanca, condenada desde su nacimiento a la incomprensión de todos, incluidos sus padres, y pensada desde antes de nacer para vivir con su opuesto, un niño negro, pero al modo de ella, absolutamente negro. He aquí que la técnica del claroscuro, el tanteo cromático, el juego de luces y sombras será llevado al extremo por un Hadjadj en verdadero estado de gracia, que termina por hacer metaficción, ventilándose de un plumazo los límites entre la vida y la literatura. Y, por último, el conmovedor relato de un carpintero cuyo dolor lo sume en el resentimiento y que se salda, como en los dos anteriores, con el destello de un milagro que nos traspasa en mitad de la noche.

Tres relatos en los que, a pesar de su crudeza, late el verdadero espíritu navideño, si bien se entiende la Navidad como lo que es: no solo la estampa de una ternura o la emoción de un nacimiento, que también, sino sobre todo, por encima de todo, el abajamiento, la inclinación de todo un Dios que se acerca a una humanidad que sufre, que está herida y que necesita, tanto hoy como ayer, que su hacedor se le haga presente. 

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