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Primer Cursillo de Cristiandad fuera de Mallorca

Cursillos de Cristiandad, 75 años propiciando el encuentro de los jóvenes con Cristo

Se acaba de celebrar el aniversario de la primera reunión, que tuvo lugar entre el 7 y el 10 de enero de 1949 en Mallorca

Los Cursillos de Cristiandad cumplen 75 años como un movimiento eclesial consolidado y de difusión mundial, reconocido canónicamente por la Santa Sede bajo el amparo del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Desde aquella primera reunión, que tuvo lugar entre el 7 y el 10 de enero de 1949 en Mallorca, se han celebrado en España cerca de 11.000 cursillos, gracias a los cuales más de 300.000 personas se han encontrado con Cristo en sus vidas. «La novedad de este formato —explica monseñor José Ángel Sáiz Meneses, arzobispo de Sevilla y asesor espiritual del Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad— no está tanto en el método ni en la estructura como en la finalidad. No se trata de preparar una peregrinación, sino de continuar con el espíritu apostólico vivido en Santiago y lanzarse a formar y evangelizar a todos los jóvenes, a propiciar un encuentro de ellos con Cristo».

Desde sus inicios, la iniciativa ha contado con el cariño, respaldo y reconocimiento de los sucesivos pontífices, desde Pablo VI al papa Francisco, quien, en un reciente encuentro en Roma con los representantes del Movimiento en Europa, les agradeció «lo que hacéis en la Iglesia, que es tan hermoso: ayudar a encontrar a Jesús, ayudar a que se comprenda que vivir en gracia de Dios es hermoso».

Los Cursillos de Cristiandad nacieron en el seno del Consejo Diocesano de los jóvenes de Acción Católica en Mallorca. Durante más de una década, se trabajó intensamente en una multitudinaria peregrinación de jóvenes de Acción Católica a Santiago de Compostela, que finalmente se produjo en 1948 bajo el lema ¡A Santiago Santos! La iniciativa fue promovida por el entonces presidente de Acción Católica, Manuel Aparici, quien contó desde el primer momento con el apoyo entusiasta del papa Pío XII ante una propuesta muy ambiciosa: hacer que 100.000 jóvenes españoles peregrinaran a la tumba del apóstol Santiago, mostrando que querían hacer de sus vidas un continuo caminar de santidad hacia Dios. Los frutos han superado con creces los objetivos de entonces.

Los iniciadores del movimiento —entre los que destacan el laico Eduardo Bonín, el sacerdote Sebastián Gayá y el obispo de Mallorca, Juan Hervás—, en un marco de preparación de la peregrinación, desarrollaron esta nueva forma de evangelizar tras una intensa tarea de estudio, reflexión y experimentación. Los líderes de la peregrinación o adelantados de peregrinos recibían cursillos de formación que combinaban elementos de otras iniciativas ya existentes en Acción Católica para que esta nueva propuesta llegase a todas las personas —incluidos indiferentes o alejados de Dios y de la Iglesia—, permitiendo que cualquiera pudiese conocer y vivir lo esencial del ser cristiano en toda su intensidad y plenitud.

De esta forma, al regresar de la mencionada peregrinación, y en un esfuerzo de acompañamiento espiritual posterior, durante aquella semana del 7 al 10 de enero de 1949 se celebró en el Monasterio de San Honorato de Mallorca el primer Cursillo de Cristiandad de la historia, en el que 21 asistentes experimentaron un encuentro con Dios que daría un vuelco a sus vidas: “Estos cursillos siembran en el corazón de los jóvenes una fuerte inquietud apostólica, el deseo de comunicar a todos la experiencia vivida”, prosigue monseñor Sáiz Meneses. «Allí se perfila el ideal y estilo peregrinante, plasmación de la concepción apostólica de lo que debe ser la juventud. Y el proceso culmina adaptando aquellos cursillos de adelantados de peregrinos a nivel diocesano», agrega.

En 1948, Acción Católica consiguió llevar a 700 jóvenes desde Mallorca hasta la tumba del apóstol, un logro que el padre Gayá definió con júbilo desde el balcón del Ayuntamiento: «Fuimos a Santiago 700 peregrinos, volvemos 700 apóstoles para la conquista de toda la juventud». Pocos podrían imaginar que aquella peregrinación, que tardó más de una década en prepararse y a la que se dedicaron todas las actividades de apostolado casi en exclusiva, provocaría que tantos miles de personas cambiaran sus vidas al encontrarse con Jesucristo. «Como en un pequeño Magníficat de cada uno, podemos decir que Dios sigue haciendo maravillas en nosotros, pese a nuestras limitaciones», sentencia el arzobispo de Sevilla.

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