Madrid ha celebrado el día de su «Virgen más popular», según el obispo auxiliar Vicente Martín, que recordó que María canta a «la cercanía, la compasión y la ternura».
Los madrileños heroicos a los que les ha tocado defender la plaza en agosto han recibido el premio de una magnífica fiesta de la Virgen de la Paloma. El casticismo más mariano se ha encontrado con un oasis de temperaturas propicio para echarse a la calle y honrar a esa María que, en palabras de Vicente Martín Muñoz, obispo auxiliar de Madrid, «canta el estilo de Dios, que se caracteriza por la cercanía, la compasión y la ternura».
El dédalo de calles de la Latina, engalanadas para la ocasión con banderolas y puestos de productos típicos, rebosaban de paseantes. De núcleo de toda esta geometría de la alegría ejerció la parroquia de La Paloma, repleta el mediodía de ayer para asistir a la celebración solemne con la que fieles y devotos honran a la Virgen. Solemne, pero tremendamente cercana: «Feliz día de la Virgen más popular de Madrid», comenzó el monseñor Vicente Martín la Eucaristía que dio paso a la tradicional bajada del cuadro de la Virgen por el Cuerpo de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid, del que es patrona.
Al ritmo del himno de la Paloma, la imagen descendió hasta un lateral del presbiterio para su veneración por los fieles hasta las siete de la tarde, en el que un rosario y la Salve cantada por María Pepa de Chamberí cerró la celebración en el templo. La Virgen salió entonces a la calle a hombros para ser entronizada en su carroza y dar una vuelta por el barrio antes de volver, ya entrada la tarde, a su retablo en la parroquia.
Antes, en la Eucaristía, origen de todo, monseñor Vicente Martín había exclamado «qué bueno encontrarnos para honrar a la Madre» con su acento extremeño, que simboliza el talante acogedor del Madrid en el que ejerce como obispo auxiliar. Como recoge la web de la Archidiócesis de Madrid, le acompañaron los vicarios episcopales Ángel López, Jesús González Alemany, y Gabriel Benedicto, este último también párroco de La Paloma. También asistieron a la ceremonia autoridades civiles como la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso; el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez-Almeida; el Delegado del Gobierno, Francisco Martín, y los concejales Rita Maestre, de Más Madrid, y Javier Ortega Smith, de VOX.
Madre de Esperanza, Madre de Misericordia y Madre de Fraternidad
Entre tanta diversidad, el obispo auxiliar presentó en su homilía a la Virgen de la Paloma como Madre de Esperanza, Madre de Misericordia y Madre de Fraternidad. Una Esperanza activa en que «nuestros sufrimientos y heridas cicatrizarán a la luz de la Resurrección», porque «si deseamos que haya paz, generemos ambientes de paz»; si alegría, «seamos portadores de esa alegría y del buen humor»; si una «sociedad más justa, trabajemos juntos» por la «dignidad en el trabajo, los salarios justos, la garantía en el acceso a la vivienda».
Recordó monseñor que la Virgen «es la Madre de los pobres, los humildes y los sencillos» y que la que se estaba celebrando era «la fiesta de la misericordia de Dios, la fiesta de los más vulnerables». Por último, se refirió a María como Madre de Fraternidad, «ejemplo de comunión». «Nadie se salva solo, nos salvamos juntos, en comunidad», y «la Virgen de la Soledad de la calle Paloma nos ayuda a superar nuestras soledades e individualismos». Por eso, concluyó: «de María aprendemos que no basta con ser vecinos, sino que hemos de reconocernos hermanos».








