Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Descanse en paz, mi padre, hermano y amigo don Juan María Uriarte

Monseñor Juan María Uriarte ha sido, fundamentalmente, un hombre de Dios. Un hombre fraguado en la oración constante y entregado a su ministerio con generosidad, con honestidad, con intensidad.

Creo que muchos sacerdotes y tantas personas que le han conocido a lo largo de su larga vida compartiríamos, sin ninguna duda, que él ha sido para nosotros siempre como un Padre, como un hermano y como un amigo.

Monseñor Uriarte amó siempre a la Iglesia. Preocupado por sus diocesanos, no dejó de preocuparse también por su pueblo; un pueblo siempre en crisis, siempre en nuevas búsquedas.

Nunca tuvo miedo a comprometerse con la realidad y los problemas, desde un horizonte evangélico honesto y equilibrado. Su confianza radical en Aquel que le llamó al ministerio configuró su vida como obispo y servidor de la Esperanza.

No fue perfecto, pero me consta que siempre buscó su propia conversión. Me enseñó la importancia de cuidar la vida interior y de la oración constante, como aquello más necesario en la vida de todo sacerdote. Ya obispo, su única recomendación fue la de querer siempre a todos, más allá de toda circunstancia.

Con la esperanza de encontrarnos un día en la casa del Padre, solo me queda dar gracias a Dios por su vida y por su testimonio. Descanse en paz, mi padre, hermano y amigo don Juan Mari.

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now