Skip to content Skip to sidebar Skip to footer
Encuentro sobre deuda externa en el Vaticano

Romper el círculo de la deuda externa


Francisco insiste en la condonación total o parcial con motivo del Jubileo. «Los países más pobres deben estar en condiciones de poder desarrollarse de manera autónoma», afirma a ECCLESIA Gabriele Verga, del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral

Una de las peticiones que el papa Francisco ha planteado para este año jubilar es la de la condonación, total o parcial, de la deuda externa a los países más pobres. En su bula Spes non confundit se dirige a las naciones más ricas «para que reconozcan la gravedad de tantas decisiones tomadas y determinen condonar las deudas de los países que nunca podrán saldarlas». 

Hoy en día, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), 3.300 millones de personas viven en países que gastan más dinero en pagar su deuda externa que en sus propios sistemas sanitarios y otros 2.100 millones de personas viven en naciones que emplean más dinero en deuda que en desarrollar el sistema educativo en beneficio de sus ciudadanos. La UNCTAD, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, indica que más de 54 países del mundo dedican más del 10 % de sus ingresos fiscales en el pago de intereses de deuda.

Entre los países del mundo más endeudados, o también llamados países pobres altamente endeudados, encontramos a Afganistán, Benín, Bolivia, República Centroafricana, Chad, Etiopía, Haití, Honduras, Mauritania… La lista sigue y es fácil imaginar qué naciones la componen.

En una síntesis muy resumida y simplificada del problema, la deuda externa de los países en vías de desarrollo, o del sur global, se generó a finales de los 60 y principios de los 70 a partir de los préstamos de los países ricos a interés muy bajo. Cuando estos últimos aumentaron los intereses, convirtieron en inasumible la devolución de los préstamos iniciales. Los países deudores solicitaron más préstamos para pagar los primeros préstamos e incluso, para hacerse con divisas, comenzaron a exportar todo lo posible —minerales, petróleo, alimentos, café, cacao…—. Sin embargo, lejos de resolver la cuestión, ese movimiento provocó que el precio de los productos bajara más, ya que en el norte no incrementaba la demanda.

Las causas

«Las causas de la deuda externa son diversas y obedecen a diferentes factores, pero, sin duda, uno de los principales tiene que ver con el sistema económico mundial profundamente injusto, que privilegia los intereses de los países más poderosos sin considerar las necesidades de los países más pobres. Otra causa se encuentra en la falta de liquidez de que disponen estos países para ir al paso del actual modelo de desarrollo global», explica a ECCLESIA Gabriele Verga, responsable de la Sección de Investigación y Reflexión del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

Para el Jubileo de 2025, Francisco recuerda que la Iglesia católica ha abanderado la lucha contra aquellas que define como «deudas injustas e insolutas». Deudas enquistadas que se han intentado extirpar, pero solo parcialmente. Con motivo del Jubileo del 2000 hubo un enorme movimiento, no solo eclesial, sino también social, que reclamó la condonación de esta deuda. A finales de 1999, Juan Pablo II insistía en que la deuda externa «no es solo económica, sino que implica principios éticos fundamentales y debe tener su lugar en el derecho internacional». Ya pedía que el Jubileo fuera «ocasión propicia para gestos de buena voluntad con el fin de reducir sustancialmente, si no anular totalmente, la deuda internacional en beneficio del bien común». Esta presión internacional, de la que formó parte la Iglesia, propició distintos programas para aliviar de alguna forma este yugo, tales como la Iniciativa Países Pobres Altamente Endeudados y la Iniciativa Multilateral de Alivio de Deuda. Ambos organismos de mediación intentan encontrar acuerdos entre deudores y acreedores para reestructurar, condonar o canjear deuda.

El profesor Verga recuerda que la Iglesia se ocupa desde hace más de 60 años del problema de la deuda, que hoy en día suma dos particularidades. La primera es que las condiciones son diferentes a las del año 2000. Los acreedores han cambiado y ya no son los gobiernos, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, sino individuos privados y grupos financieros, con los que es más difícil establecer una relación de cooperación. Según el Global Debt Monitor del FMI, la deuda total en 2023 ascendió a 250 billones de dólares, de los cuales 150 billones estaban en manos privadas. 

La segunda de las características del endeudamiento viene señalada por el papa Francisco. «Ha unido el tema de la deuda externa con el de la deuda ecológica. En la bula también ha pedido a los países ricos que condonen la deuda de aquellos países que no pueden pagarla reconociendo además “una nueva forma de desigualdad de la que no somos conscientes”, es decir, la existencia de una deuda ecológica, en concreto, del norte hacia el sur del mundo, que pesa sobre los países como lo hace la deuda externa», apunta Verga. Para el Pontífice ha habido «un uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países». Deuda externa y deuda ecológica «son dos caras de una misma moneda que hipoteca el futuro», tal y como escribía Francisco en su mensaje a la COP29. 

Nueva arquitectura financiera

Sin embargo, condonar la deuda no termina con el problema si no se va a la raíz de la injusticia. Como señala el Papa en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, perdonar la deuda no debe ser un acto aislado de beneficencia. Es necesario romper el círculo vicioso financiación-deuda desarrollando «una nueva arquitectura financiera» con «un mecanismo multinacional que tenga en cuenta el sentido global del problema y sus implicaciones económicas, financieras y sociales». 

«Los países más pobres deben estar en condiciones de poder desarrollarse de manera autónoma, utilizando sus recursos locales, sin caer presa de los intereses de países más poderosos y de inversores privados y sin verse obligados a adoptar modelos de desarrollo externos que los hagan dependientes de la deuda», sostiene Gabriele Verga. Como indica la campaña de Cáritas Turn debt into hope que apoya la petición de Francisco, el desafío es que la deuda se transforme en esperanza. Que esta gota que horada la roca por su constancia haga que la deuda externa deje de ser una deuda eterna.  

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now