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El Papa muestra su «esperanza» en que los Juegos Olímpicos sean «un canal diplomático» que pare la guerra

El Papa exalta en el prólogo al libro Juegos de paz la capacidad del deporte para unir, inspirar y contribuir a la construcción de un mundo mejor

El papa Francisco firma el prólogo al libro Juegos de paz. El alma de las Olimpíadas y de las Paralimpíadas, a cargo de Vincenzo Parrinello, antiguo deportista y miembro del Comité Olímpico Italiano. En su reflexión, el Pontífice destaca que «en el momento histórico especialmente oscuro que vivimos», esta celebración deportiva a nivel mundial es «una oportunidad para la paz», cuyo lenguaje popular y común es «comprensible para todos» y «en todas las latitudes». Y recuerda que «la Carta Olímpica enuncia el principio de la centralidad de la persona en su dignidad y se compromete a contribuir a la construcción de un mundo mejor».

De esta manera, el Santo Padre recoge el guante de la tregua olímpica propuesta por Naciones Unidas –desde una semana antes del comienzo de los Juegos de París hasta una semana después de la clausura de los Paralímpicos– subrayando que «el auténtico espíritu olímpico y paralímpico es un antídoto para no caer en la tragedia de la guerra y redimirse poniendo fin a la violencia». No es de extrañar, por tanto, la «esperanza» de Francisco en que las «apasionantes historias humanas de redención y fraternidad, sacrificio y lealtad, espíritu de equipo e inclusión» puedan servir de «canal diplomático original para superar obstáculos aparentemente infranqueables».

El deporte, al que se siente muy vinculado a través de su pasión por el fútbol, retrotrae al Papa a «la experiencia del niño luchando, en la calle, con la pelota de trapo». Por ello, en sus páginas advierte sobre «el riesgo de abrumar a los deportistas en nombre del beneficio, haciéndoles perder la alegría que les atrae desde la infancia», con la «búsqueda inmoderada del dinero y del éxito “a toda costa”».

En esta línea, el prólogo celebra la decisión del Comité Olímpico Internacional de añadir al lema olímpico ideado por el dominico francés Henri Didon «Citius, altius, fortius» —«Más rápido, más alto, más fuerte»— el concepto «Communiter», es decir, «Juntos».

Así, en opinión de Francisco, «el deporte es de todos y para todos: es un derecho. El deporte es un siempre nuevo Cántico de las Criaturas que veo abrazado por mis encíclicas Laudato si’ y Fratelli tutti. El verdadero deporte —tejido de gratuidad, de amateurismo— es una gran “carrera de relevos” en el “maratón de la vida”, con el testigo que pasa de mano en mano, cuidando de que nadie se quede solo. Ajustando el propio ritmo al del último».

«En esta perspectiva —prosigue—, la palabra clave para el deporte, hoy más que nunca, es “cercanía”. Esta es la primera sugerencia que, como “entrenador del corazón”, propongo siempre a Athletica Vaticana para esbozar la esencia de su presencia compartida: correr o montar en bicicleta o jugar juntos con todos los deportistas. Uniendo talentos diferentes se construye también una sociedad mejor y más justa. Cuando hacemos deporte juntos, no importa de dónde venga una persona, su lengua o su cultura o religión. Esto también es una lección para nuestras vidas y nos recuerda la fraternidad entre las personas, independientemente de sus capacidades físicas, económicas o sociales». Y, por eso, los JJ OO se erigen también en «una oportunidad para acoger historias de mujeres y hombres con diferentes experiencias humanas, culturales y religiosas».

En este punto, el sucesor de Pedro recuerda a los deportistas refugiados que cuentan historias de redención, como «la nadadora olímpica siria que empuja su bote por mar abierto hasta la isla de Lesbos rescatando a 18 personas», o «la nadadora afgana nacida sin brazos que se convierte en campeona paralímpica». En su opinión, «no son “solo” mujeres y hombres del deporte. Son mujeres y hombres de paz, protagonistas de la esperanza tenaz y la capacidad de levantarse tras un “mal momento”».

El volumen, editado por la Librería Editorial Vaticana, estará a la venta desde mañana viernes 14 de junio. Con este prólogo, el Papa se reafirma en el apoyo personal y de la Santa Sede al movimiento olímpico y paralímpico: «Así ha sido desde que mi predecesor San Pío X recibió a Pierre de Coubertin y dio vida en el Vaticano, entre 1905 y 1913, a eventos deportivos internacionales con la participación de jóvenes discapacitados, amputados e invidentes».

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