Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Domingo de Ramos

Queridos hermanos:

El Domingo de Ramos da inicio a la Semana Santa, que concluirá con el Domingo de Resurrección. Son unos días intensos, de vacaciones escolares, de puentes en el trabajo, de familia, de salidas… pero, sobre todo, no nos olvidemos de que sean unos días “santos”, estemos donde estemos. En ellos celebramos los misterios centrales de nuestra fe.

En la Diócesis de Coria-Cáceres, este curso, nos hemos propuesto el lema “Como brotes de olivo en torno a tu mesa” (Sal 127,7) y me gustaría que lo tuviésemos muy presente en la Semana Santa que es el mejor momento para unirnos en torno a la misma fe y el mismo sentir.

El Domingo de Ramos nos lo recordará de forma especial cuando, con ramos en la mano, aclamemos al que viene en el nombre del Señor. Con esos mismos ramos elaboraremos la ceniza para la próxima cuaresma.

El Miércoles Santo, nos uniremos como comunidad diocesana para celebrar la Misa Crismal en la Catedral de Coria, en la que se consagran los óleos para la celebración de los sacramentos durante todo el año siguiente. Con ese aceite consagrado, fruto de los olivos de nuestra tierra, ungiremos a los nuevos bautizados, a los que se confirmen, a los mayores que reciban la unción y a los nuevos sacerdotes.

El Jueves Santo asistiremos con los discípulos a la última cena de Jesús en la que instituyó la eucaristía y luego lo acompañaremos, en la Hora Santa, al Huerto de los Olivos. Allí, abandonado de sus discípulos, y apoyado en uno de estos árboles, sudó sangre y aceptó la voluntad del Padre.

El Viernes Santo, en los oficios de la pasión, adoraremos la cruz hecha de madera que Jesús cargó sobre sus espaldas y después fue clavado en ella: «¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto».

En la Vigilia Pascual recordaremos aquel momento en que, también en un huerto de los alrededores de Jerusalén, el Huerto de José de Arimatea, Jesús resucitó sin más testigos que los olivos que allí estaban.

Si los olivos hablaran… ¡cuántas cosas contarían!. Esos árboles centenarios que tanto abundan en nuestra tierra están ligados a nuestra vida como lo estuvieron a la de Jesús como medio de apoyo y subsistencia, y también cargados de lecciones de vida.

Una paloma con un ramo de olivo en el pico expresa nuestros deseos de paz y de eternidad, de que pase toda calamidad, como la paloma de Noé.

Un ramo de olivo sobre la cabeza es la mejor corona como expresión de victoria en las pruebas de la vida y de la eternidad del cielo.

Esos árboles, envejecidos por los muchos años e incluso quemados por los incendios, se renuevan y resurgen de sus cenizas con solo un brote que salga de ellos.

En Semana Santa será aún más evidente que somos brotes de olivo en torno a la mesa, del Señor. Que con ellos aclamemos al Señor que viene, que nuestro fruto sea el bálsamo de los sacramentos de la vida que curan y cuidan, que alimentan y embellecen, engrasan y facilitan las relaciones, como el aceite de los olivos. Que de nuestras heridas y muertes surja un retoño que renueve y resucite nuestra esperanza.

Pero, sobre todo, que –como los brotes al tronco– permanezcamos unidos como una sola familia en torno a la mesa de la eucaristía que es Jesús. En Él todos somos uno: “Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden” (Jn 15, 6). La savia que nos une al tronco es el amor de Jesús.

¡Feliz y santa Pascua de Resurrección!

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now