Ante el aumento de tensión en Irán tras los bombardeos de Israel y Estados Unidos, ECCLESIA con el franciscano conventual belga, creado cardenal por el papa Francisco en 2024
La comunidad católica de Irán no llega al 1% de la población. Como el resto de sus conciudadanos siguen con preocupación la escalada de tensión con Israel que se ha producido en las últimas semanas. Hasta la declaración del alto el fuego este martes 24, han muerto —según los gobiernos de cada país— 610 personas en Irán y 28 en Israel, y hay, además, 5.000 heridos.
Desde que se iniciaran los primeros bombardeos el 13 de junio, el papa León XIV ha reiterado consistentemente el compromiso de la Santa Sede con la paz y la desescalada en el conflicto. En este tiempo, ha lanzado múltiples llamamientos a la paz y a la contención, urgiendo a las partes involucradas a evitar acciones que puedan agravar la ya volátil situación. En su audiencia general semanal de este miércoles, expresó que sigue «con atención y esperanza» los recientes acontecimientos en la guerra y citó un mensaje de la Biblia: «Una nación no levantará la espada contra otra nación (…) Escuchemos esta voz que viene de lo Alto», suplicó.
Por otra parte, en una audiencia mantenida este jueves con los participantes en la Asamblea Plenaria de la Reunión de Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales (ROACO), ha denunciado la inversión en armamento y ha subrayado que «la gente es cada vez más consciente de la cantidad de dinero que va a parar a los bolsillos de los mercaderes de la muerte y con el que se podrían construir hospitales y escuelas; ¡y, en cambio, se destruyen los que ya están construidos». Y se ha preguntado con contundencia: «¿Cómo se puede creer, después de siglos de historia, que las acciones bélicas traen la paz y no se vuelven en contra de quienes las han llevado a cabo? ¿Cómo se puede pensar en sentar las bases del mañana sin cohesión, sin una visión de conjunto animada por el bien común? ¿Cómo se puede seguir traicionando los deseos de paz de los pueblos con la falsa propaganda del rearme, en la vana ilusión de que la supremacía resuelve los problemas en lugar de alimentar el odio y la venganza?».
En este contexto, ECCLESIA ha hablado con el cardenal Dominique Joseph Mathieu, obispo de Teherán-Isfahán desde 2021 y cardenal desde diciembre de 2024.
—¿Cómo está viviendo la comunidad católica la situación de las últimas semanas?
—Como todos los ciudadanos, la comunidad católica ha buscado refugio según los medios disponibles en lugares considerados más seguros. Aunque dispersa, se ha refugiado en la oración por la paz. En la medida en que los medios de comunicación funcionaban, se han animado mutuamente.
—¿Qué podemos hacer los católicos que estamos en Occidente por ustedes?
La solidaridad ha estado a la orden del día. Muchos, de cerca o de lejos, han expresado su proximidad, particularmente a través de la oración. Hemos sentido esta presencia, que ha resultado ser un gran apoyo en la difícil prueba.
—¿Cree que la Iglesia puede tener algún papel en el conflicto en vías de buscar la paz? León XIV no se ha cansado de llamar a la paz…
—Por su vocación de asamblea de fieles en Jesucristo, la Iglesia tiene la misión de recordar que la paz no se obtiene con las armas. El cese de las hostilidades, un alto el fuego, sigue siendo una situación precaria que puede volver a encenderse en cualquier momento. Recientemente, el Papa León XIV retomaba el versículo del profeta Isaías —«una nación no levantará más la espada contra otra nación, ni aprenderán más la guerra»— para recordarnos la importancia de la paz universal, donde las naciones resuelven los conflictos sin recurrir a las armas, y la humanidad abandona el estudio y la práctica de la guerra para avanzar hacia la paz y la justicia entre las naciones. Dado que la humanidad clama e invoca la paz, la Iglesia debe lanzar siempre un vibrante llamado a la paz a los grandes de este mundo y a nuestro propio corazón, para que este sea purificado y se alinee con la voluntad de Dios.








