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El fin de semana del Papa: León XIV pide esperanza, justicia y acogida en el Jubileo de misioneros y migrantes

La Iglesia se está abriendo a «una época misionera nueva», pues las fronteras de la misión ya no son geográficas, sino que «la pobreza, el sufrimiento y el deseo de una esperanza mayor son las que vienen hacia nosotros»

El papa León XIV ha tenido este fin de semana una intensa agenda, cuyas reflexiones han estado marcadas por la «urgente necesidad» de elegir entre Dios y la riqueza, así como entre la justicia y la injusticia. Desde la Plaza de San Pedro hasta el Palacio Apostólico, el Santo Padre ha convocado a la Iglesia y a los fieles a tomar partido, en resumidas cuentas, por el Evangelio, promoviendo la esperanza frente a la desesperación y la acogida frente a la indiferencia. La Audiencia Jubilar del sábado estuvo marcada por el llamamiento a los jóvenes a seguir la pobreza evangélica de santa Clara de Asís, mientras que, durante el juramento de la Guardia Suiza —también el sábado— lanzó una exhortación a la fidelidad del cuerpo ante los retos globales. Tampoco se olvidó el domingo del drama de los migrantes, cuya acogida define una «época misionera nueva». Este compromiso con la vida y la justicia se vio coronado por una fuerte exhortación a la paz en Gaza durante el rezo del Ángelus.

Audiencia Jubilar del mundo misionero y los migrantes

Durante la Audiencia Jubilar del mundo misionero y los migrantes, celebrada el sábado en la Plaza de San Pedro, el Papa reflexionó sobre la elección fundamental que se presenta al cristiano, basándose en la Escritura: «Ningún servidor puede servir a dos señores». El Pontífice subrayó que «esperar es elegir» y que aquel que no elige cae en la desesperación o acedia, una tristeza espiritual que lo convierte en presa de una «pereza interior peor que la muerte». Para ilustrar la elección correcta, León XIV recordó el ejemplo de Santa Clara de Asís, quien optó por «la vida de las Bienaventuranzas» en lugar de por las riquezas mundanas.

El Santo Padre destacó que la elección de Clara fue tan impresionante como la de san Francisco, ya que fue «una muchacha que quería ser como Francisco, que quería vivir, como mujer, tan libre como aquellos hermanos». León XIV señaló que esta decisión radical inspira a los jóvenes, a quienes «les gusta el Evangelio» y aprecian a las personas que «han elegido y soportan las consecuencias de sus elecciones».

En el contexto del Año Santo, el Papa también destacó la dimensión social de esta elección: «El Jubileo abre también la esperanza de una distribución diferente de la riqueza, de la posibilidad de que la tierra sea de todos, porque en realidad no lo es». Por ello, instó a los presentes: «Debemos elegir a quién servir, si a la justicia o a la injusticia, si a Dios o al dinero». Finalmente, invitó a rezar para que la Iglesia «no sirva al dinero ni a sí misma, sino al Reino de Dios y a su justicia».

Juramento de la Guardia Suiza: misioneros de esperanza

El mismo 2 de octubre, el Pontífice recibió a los nuevos reclutas de la Guardia Suiza en el Palacio Apostólico con motivo de su tradicional juramento. Allí, el Santo Padre agradeció a los guardias su «fiel servicio, que desempeñáis con gran abnegación y celo», asegurando que su presencia permite al sucesor de Pedro cumplir su misión con seguridad.

León XIV les recordó asimismo que su vocación les exige formar un solo cuerpo, sostenido por valores sólidos, siendo «un mensaje de unidad para toda la Curia Romana». Estos pilares que dan como resultado una vida armoniosa, son, según el Papa: «La benevolencia, la honestidad, la solidaridad y el respeto recíproco».

El Santo Padre también les instó a cultivar su vida interior, citando a san Agustín: «No salgáis fuera de vosotros, volved a vosotros mismos; la verdad habita en el hombre interior». En su discurso, situó la misión de la Guardia Suiza en el horizonte de los «retos globales» actuales, mencionando la crisis ambiental, las tensiones sociales y la irrupción de la inteligencia artificial. Ante estas realidades, les pidió «fidelidad al Evangelio» y les dijo: «En este Año Santo, con vuestra simple presencia, podéis ser misioneros de esperanza». Y concluyó señalando que su estancia en la Curia Romana les ayudaría a afrontar el futuro con «confianza y con mirada universal».

Ángelus dominical: solidaridad y llamamiento a la paz en Oriente Medio

El domingo, León XIV rezó el Ángelus y dirigió unas palabras a los fieles presentes en San Pedro, saludando de forma especial a los participantes en la celebración jubilar de misioneros y migrantes. El Papa agradeció a los peregrinos su presencia, incluso, «bajo la lluvia», reiterando que «toda la Iglesia es misionera». Y proclamó la importancia de la dignidad humana, afirmando que «nadie debe ser obligado a partir, ni ser explotado o maltratado a causa de su necesidad o por su condición de forastero».

León XIV dedicó una parte significativa de su alocución a las preocupaciones internacionales, expresando su dolor por el «enorme sufrimiento del pueblo palestino en Gaza». También manifestó su preocupación por «la proliferación del odio antisemita en el mundo», haciendo referencia al reciente atentado terrorista contra la sinagoga de Manchester. Respecto a la dramática situación en Oriente Medio, el Pontífice indicó que se están dando «pasos significativos para hacer avanzar las tratativas de paz», e hizo un fuerte llamamiento a la comunidad internacional: «Pido a todos los responsables el compromiso para continuar por este camino, con el alto el fuego y la liberación de los rehenes».

Finalmente, también expresó su cercanía al «querido pueblo filipino», que fue golpeado por un «fuerte terremoto» en la región central del país.

Misa del domingo: una nueva época misionera de acogida

El domingo, la Misa fue dedicada, como no podía ser de otra forma, al Jubileo del mundo misionero y de los migrantes, una ocasión para reavivar la vocación misionera de la Iglesia, enfocada especialmente en aquellos que tienen «una historia difícil y herida», haciendo referencia particular a los hermanos migrantes.

El Papa recordó que «toda la Iglesia es misionera» y debe «salir a anunciar el Evangelio a todos». La homilía abordó el «grito de dolor» del profeta Habacuc, ante el mal y la injusticia: «¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que tú escuches (…) ¿Por qué me haces ver la iniquidad y te quedas mirando la opresión?», y recordó el magisterio de Benedicto XVI, quien también abordara el tema del silencio de Dios.

La respuesta del Señor, sin embargo, abre a la esperanza: la salvación vendrá, y «el justo vivirá por su fidelidad». El Papa explicó que la fe es una «fuerza mansa» que no se impone con el poder; basta con un grano de mostaza para lograr cosas «impensables». Esta salvación se realiza cuando los creyentes se comprometen con la compasión y se hacen «siervos inútiles», poniéndose al servicio del Evangelio y de los hermanos sin buscar intereses propios.

El Pontífice proclamó que en la historia de la Iglesia se está abriendo a «una época misionera nueva», pues las fronteras de la misión ya no son geográficas, sino que «la pobreza, el sufrimiento y el deseo de una esperanza mayor son las que vienen hacia nosotros». Por ello, la cuestión principal ya no es tanto el «partir» hacia tierras lejanas, sino más bien el «permanecer» para anunciar a Cristo a través de «la acogida, la compasión y la solidaridad». El Papa fue enfático: las barcas de los migrantes «no pueden y no deben encontrar la frialdad de la indiferencia o el estigma de la discriminación».

Por último, León XIV finalizó la homilía pidiendo promover una «renovada cooperación misionera entre las Iglesias», donde la presencia de hermanos del sur del mundo renueve el cristianismo occidental, haciéndolo «más abierto, más vivo y más dinámico». Y dirigió un mensaje de ánimo a los migrantes, diciéndoles: «Son siempre bienvenidos», deseando que encuentren el rostro de Dios en los misioneros que los asisten.

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