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La justicia, el dinero… y la vida, según León XIV

Este fin de semana, el Papa presidió el Jubileo de los Trabajadores de la Justicia, celebro la Eucaristía en la parroquia de Santa Ana y volvió a recordar la situación de la «martirizada» tierra de Gaza

Justicia y bienes. Son los dos grandes temas que ha abordado este pasado fin de semana León XIV. El sábado, el primero, durante el Jubileo de los Trabajadores de la Justicia. El domingo, el segundo, al hilo del Evangelio del día.

Pero antes de entrar en estas dos grandes cuestiones, siempre actuales, recordemos las palabras que el Pontífice envió, a través de un vídeo, a los participantes en la Marcha por la Vida de Chicago, organizada por la Fundación Les Turner para la ELA. En el fondo, todo está relacionado. Es otro tema que engloba todo: la misma vida.

Aquí la cita: «La calidad de la vida humana no depende de los resultados obtenidos. La calidad de nuestras vidas depende del amor. En su sufrimiento, pueden experimentar una profundidad de amor humano nunca antes vista. Pueden crecer en gratitud por todo lo sucedido y por quienes ahora los cuidan».

¿Qué aporta la justicia evangélica?

Este mensaje fue enviado el mismo sábado, horas después de que León XIV se reuniese con trabajadores del mundo de la justicia en su Jubileo. Ocasión que el Papa aprovechó para recordar que «la justicia evangélica [la del hijo pródigo, la de los trabajadores de la viña…] no aparte de la justicia humana, sino que la interroga y transforma: la impulsa a ir más allá, porque la orienta hacia la búsqueda de la reconciliación».

Y dijo más, que el mal no solo debe sancionarse, sino también repararse: «Para ello es necesaria una mirada profunda hacia el bien de las personas y el bien común. Es una tarea difícil, pero no imposible para quien, consciente de desempañar un servicio más exigente que otros, se compromete a mantener una vida intachable».

También reflexionó sobre la necesidad de recuperar valores olvidados en la convivencia, como la defensa de la vida humana desde su inicio, frente a quienes la desprecian, negando «derechos fundamentales para la existencia personal» y no respetando «la conciencia de al que nacen las libertades».

Tras citar a san Agustín para afirmar que la justicia debe ser fuerte y templada, añadió que tender a la justicia «requiere amarla como una realidad a la que solo se llega si se unen la atención constante, el desinterés radical y un discernimiento perseverante».

«Quien ejerce la justicia se pone al servicio de las personas, del pueblo y del estado, con plena y constante dedicación. La grandeza de la justicia no disminuye cuando se aplica en lo pequeño, sino que siempre resalta cuando se ejerce con fidelidad al derecho y respeto a la persona, en cualquier parte del mundo», continuó.

Su discurso concluyó con una reflexión sobre la realidad de tantos países que tienen hambre y sed de justicia, porque sus condiciones de vida son «injustas e inhumanas». Y volvió a citar a san Agustín para decir que «no puede gobernarse un Estado sin justicia» y, por tanto, no hay Estado sin justicia.

Texto completo del discurso del Papa a los trabajadores de la justicia.

CNS. Vatican Media

El dinero

Las palabras del Papa el domingo estuvieron marcadas por el pasaje del Evangelio que se proclamó ese día y que contiene el famoso «no podéis servir a dos señores, no podéis servir a Dios y al dinero».

Habló de ello en la Eucaristía que presidió en la parroquia de Santa Ana, en el Vaticano, confiada a sus hermanos agustinos. Allí estaba el nuevo prior general, el padre Joseph Farrell, y también Gioele Schiavella, agustino y sacerdote, que fue párroco allí y que cumplía 103 años. León XIV lo citó en la homilía.

El mensaje fue claro: «Quien sirve a Dios se hace libre de la riqueza, pero quien sirve a la riqueza queda esclavo de ella».

Un poco más tarde, durante el rezo del ángelus, volvió sobre esta cuestión: «Debemos usar los bienes del mundo y nuestra misma vida pensando en la riqueza verdadera, que es la amistad con el Señor y con los hermanos».

Y planteó una pregunta: «¿Cómo estamos administrando los bienes materiales, los recursos de la tierra y la vida que Dios nos ha dado? Podemos seguir el criterio del egoísmo, poniendo la riqueza en primer lugar y pensando solo en nosotros mismos; pero esto nos aísla de los demás y esparce el veneno de una competición que a menudo provoca conflictos. O bien podemos reconocer que hemos de administrar todo lo que tenemos como don de Dios, y usarlo como instrumento para compartir, para crear redes de amistad y solidaridad, para edificar el bien, para construir un mundo más justo, más equitativo y más fraterno».

Vídeo de la Misa en la parroquia de Santa Ana.

Texto completo del ángelus.

El Papa posa con Gioele Schiavella, que fue párroco de Santa Ana, y ha cumplido 103 años. CNS. Vatican Media

Gaza, «martirizada»

En la alocución posterior a la oración mariana, dedicó un buen rato a la situación en Gaza. En primer lugar, para reconocer la labor solidaria de diversas asociaciones católicas, que expresa «la cercanía a los hermanos y hermanas que sufren en esta tierra martirizada»

«Con ustedes y con los pastores de las Iglesias de Tierra Santa repito: no hay futuro basado en la violencia, en el exilio forzado, en la venganza. Los pueblos necesitan paz: quien los ama de verdad, trabaja por la paz», concluyó.

Fieles congregados para el rezo del ángelus. CNS. Vatican Media

Saludo a los peregrinos de Ciudad Real

Antes de retirarse a comer, dirigió numerosos saludos a los peregrinos presentes en la plaza de San Pedro, entre ellos, un grupo de nuestro país, concretamente de Ciudad Real.

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