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Fernando Prado

El obispo de San Sebastián dedica su primera carta pastoral a los sacerdotes

Escrita en memoria del cura de Ars, la carta de Monseñor Fernando Prado refleja su admiración por «nuestros pastores, los que cuidan y acompañan al pueblo de Dios día a día». 

Monseñor Fernando Prado ha escrito su primera carta pastoral como obispo de San Sebastián. Bajo el título ‘Nuestros Sacerdotes’, la Diócesis informa de que la ha dirigido «al pueblo de Dios que peregrina en Gipuzkoa con motivo de la memoria de San Juan María Vianney» (1786- 1859), patrón de los sacerdotes.

En la carta, el obispo comienza explicando: «Cuando hablo de ‘mis’ sacerdotes, siento admiración y, por ello, quería compartir con toda la comunidad cristiana de Gipuzkoa algo de este sentimiento profundo en el día en que celebramos la memoria del famoso cura de Ars». De ellos dice que «son nuestros pastores, los que cuidan y acompañan al pueblo de Dios día a día en nuestra diócesis, los que nos muestran, con su fe sencilla, que merece la pena entregar todo por el Señor y su Reino, sirviendo a los hermanos».

Advierte también que «como el resto de la comunidad cristiana –también nuestra sociedad–, se van envejeciendo y disminuyendo numéricamente. Aquella cultura cristiana homogénea ha ido dejando paso a un cristianismo menos significativo. Por ello, cada día parece más imprescindible la necesidad de relación e interacción entre todos los miembros de las diferentes formas de vida en el pueblo de Dios».

Misionero claretiano, Monseñor Fernando Prado fue consagrado obispo y comenzó su ministerio episcopal en la diócesis de San Sebastián el día 17 de diciembre de 2022. En esta su primera carta pastoral sostiene que «ser sacerdote no significa ser tan especial o diferente de los demás. No significa ser portador de un título honorífico, ni ocupar un lugar privilegiado que reivindica su favor. Ser sacerdote significa también dar la batalla por la propia santidad, significa llevar una encomienda que Otro nos ha dado y ponerse a su servicio. Con humildad».

Ha querido recordar, además, que «el ánimo de los sacerdotes no se apoya en consideraciones humanas, ni en ningún plan de trabajo o en un ideal de Iglesia o comunidad concreta a la que ha de servir, sino en el interior de cada uno. Tiene sus raíces en la esperanza teologal, en la promesa de Dios y su fidelidad: ‘Yo estaré con siempre con vosotros, todos los días hasta el fin del mundo’ (Mt 28, 20)». 

Finalmente, el obispo ha concluido: «El señor, que siempre es el más interesado en llevar sus planes adelante, sigue contando con nosotros, nos renueva en su confianza y nos sigue llamando a cada uno con su vida a cuestas. En medio de pruebas y no pocos desafíos el Señor ha dispuesto para nosotros una misión maravillosa: dar a conocer su nombre». 

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