León XIV ha dedicado la catequesis de hoy a la «comunidad humana» de Gaudium et spes y pide juzgar los proyectos políticos por la dignidad de la persona, la justicia social y el bien común
León XIV ha dedicado la audiencia general de este miércoles, 16 de septiembre, en la plaza de San Pedro, a la tercera catequesis sobre la constitución pastoral Gaudium et spes. En esta ocasión se ha centrado en el segundo capítulo del documento conciliar, dedicado a la «comunidad humana».
El Papa ha partido de la «multiplicación de las relaciones mutuas entre los hombres» que ya describía el Concilio y la ha llevado al presente. Por un lado, «el desarrollo tecnológico, la difusión de los medios de comunicación y de las redes sociales, el siempre creciente recurso a la inteligencia artificial, abren nuevas posibilidades, derribando barreras y distancias». Por otro, ha advertido, «las relaciones tienden a convertirse en cada vez menos personales, más virtuales, y se corre el riesgo de acostumbrar a delegar en los algoritmos decisiones que corresponden solo a la conciencia humana». Frente a eso, la aportación de la comunidad cristiana es «hacer que las relaciones sociales tengan sustancia real y profundidad personal».
La persona, principio y fin de la sociedad
El Pontífice ha subrayado que el perfeccionamiento de la persona y el desarrollo de la sociedad son «estrechamente interdependientes»: «Oponerlos o separarlos supondría anularlos». Ha recordado con los Padres del Vaticano II que «el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana».
Desde ahí, ha explicado que la diversidad de personas y pueblos «no debe ser considerada como un peligro o una amenaza, sino como potencialidad de enriquecimiento y de crecimiento». La oposición, que «a veces degenera en violencia», es para el Papa «un fruto del poder del pecado». Por eso ha invitado a abrirse «a la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado».
Cuatro consecuencias «de máxima urgencia»
León XIV ha repasado las consecuencias prácticas que señala el documento. La primera es el respeto a la persona. Ha leído el pasaje que califica de «infamantes» los atentados contra la vida, como «homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado», así como «las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud» o la trata. La segunda es el respeto y el amor también a los adversarios y a quienes piensan distinto. La tercera, la igualdad fundamental de todos, que exige justicia social, pues toda discriminación «debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino». La última, superar la mentalidad individualista para asumir la responsabilidad y la participación.
El Papa ha descrito esta visión de la humanidad como «comunidad de personas» como «un legado valioso» del Concilio. A su juicio, ayuda a «valorar con responsabilidad los proyectos sociales y políticos de hoy, en base a los criterios de la dignidad de la persona humana, de la justicia social y de la libre participación en la construcción del bien común».






