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El Papa anima en el Domingo de la Palabra de Dios a llevar siempre el Evangelio en el bolso o en el teléfono…

«¿Qué puesto reservo yo a la Palabra de Dios en el lugar donde vivo? Allí habrá libros, periódicos, televisores, teléfonos, pero ¿dónde está la Biblia?», ha preguntado durante la Eucaristía

El papa Francisco ha presidido este domingo la Eucaristía del Domingo de la Palabra de Dios, que él mismo instituyó, ocasión que ha aprovechado para pedir que la Palabra de Dios tenga un lugar preferente en nuestra vida y que al menos llevemos siempre el Evangelio con nosotros: en el bolsillo, en el bolso, en el teléfono móvil…

«¿Qué puesto reservo yo a la Palabra de Dios en el lugar donde vivo? Allí habrá libros, periódicos, televisores, teléfonos, pero ¿dónde está la Biblia? En mi cuarto, ¿tengo el Evangelio al alcance de la mano? ¿Lo leo cada día para orientarme en el camino de la vida? ¿Tengo en el bolso un pequeño ejemplar del Evangelio para leerlo? Si amo a Cristo más que a nadie, ¿cómo puedo dejarlo en casa y no llevar conmigo su Palabra?», ha afirmado.

Y ha lanzado una última pregunta: «¿He leído entero al menos uno de los cuatro Evangelios? El Evangelio es el libro de la vida, es sencillo y breve y, sin embargo, muchos creyentes nunca han leído uno desde principio hasta el final».

Según ha dicho el Pontífice, no podemos prescindir de la Palabra, «de su dulce firmeza que, como un diálogo, conmueve el corazón, se imprime en el alma y la renueva con la paz de Jesús que nos hace preocuparnos por los demás». «Si miramos a los amigos de Dios, a los testigos del Evangelio en la historia, a los santos, vemos que para todos la Palabra ha sido decisiva», ha añadido.

Así, ha puesto el ejemplo de san Antonio que, impresionado por un pasaje del Evangelio, lo dejó todo, de san Agustín, cuya vida cambió cuando la Palabra le sanó el corazón, o Teresa del Niño de Jesús, «que descubrió su vocación leyendo las cartas de san Pablo».

«La Palabra, por tanto, nos atrae hacia Dios y nos envía hacia los demás. Nos atrae hacia Dios y nos envía hacia los demás, ese es su dinamismo. No nos deja encerrados en nosotros mismos, sino que dilata el corazón, hace cambiar de ruta, trastoca los hábitos, abre escenarios nuevos y desvela horizontes insospechados», ha subrayado.

Con todo, Francisco ha reivindicado este domingo de la Palabra de Dios, que «nos ayuda a volver con alegría a las fuentes de la fe, que nace de la escucha de Jesús, Palabra de Dios vivo».

«Volvamos a las fuentes para ofrecer al mundo el agua viva que no logra encontrar; y, mientras la sociedad y las redes sociales acentúan la violencia de las palabras, aferrémonos a la mansedumbre de la Palabra de Dios que salva, que es dulce, que no hace ruido, que entra en el corazón», ha concluido

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