Francisco pide perdón por los principales pecados de la Iglesia durante la vigilia previa al Sínodo
La vigilia previa a la segunda sesión de la Asamblea del Sínodo de los Obispos, que aborda el tema de la sinodalidad, tuvo, como ya era conocido, un carácter penitencial. De hecho, durante el transcurso se escucharon las voces de una víctima de abusos, de una voluntaria comprometida en la acogida a migrantes o de una religiosa que vive en una zona de guerra. Pero también las voces de algunos de los más eminentes cardenales, que leyeron la petición de perdón de la Iglesia por sus pecados más importantes, peticiones que el propio Francisco reconoció haber escrito.
Pecados, entre otros, contra la paz y contra la creación, contra la mujer o por permitir la pobreza. Pecados de abusos sexuales, de poder y de conciencia o de justificar doctrinalmente el trato inhumano. Pecados también contra la sinodalidad, la comunión y la participación.
«Era necesario poner nombre a nuestros principales pecados», dijo el Pontífice, que añadió «muchas veces los escondemos o los decimos con palabras demasiado educadas».
Ante esta realidad y tras constatar que el pecado hiere las relaciones, se hizo la siguiente pregunta que, en el fondo, es una invitación: «¿Cómo podemos ser creíbles en la misión si no reconocemos nuestros errores y nos rebajamos a curar las heridas que hemos causado con nuestros pecados?».
Y añadió otra: «¿Cómo podríamos pretender caminar juntos sin recibir y dar el perdón que restablece la comunión en Cristo?».
Francisco se mostró convencido de que la confesión es el primer paso para curar las heridas y la oportunidad «para restablecer la confianza en la Iglesia por nuestros errores y pecados, y para empezar a curar las heridas que no dejan de sangrar, rompiendo las cadenas injustas».
Ciertamente, los pecados son un peso, pero el Papa insistió en que estos no deben frenar «el camino del Reino de Dios en la historia».






