En su audiencia a cuatro Capítulos Generales, el Papa Francisco les ha recordado «la responsabilidad de vivir un momento fundamental no solo para la vida de vuestros institutos, sino para toda la Iglesia».
«Esta es la era de los Capítulos…», dijo el Papa el lunes antes de afrontar la audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano de los Capítulos Generales de las Hermanas Dominicas Misioneras de San Sixto, las Hermanas de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, las Hermanas de la Presentación de María Santísima en el Templo y la Sociedad de las Divinas Vocaciones (Padres Vocacionistas). «¡Cuatro Capítulos! Se ve que el Prefecto sabe ahorrar tiempo y los pone juntos», continuó, con su habitual sentido del humor.
El Santo Padre arrancó su discurso, recogido por el Boletín de la Santa Sede, recordando a los presentes que, con el Capítulo, tienen «siempre la gracia y también la responsabilidad de vivir un momento fundamental no solo para la vida de vuestros institutos, sino para toda la Iglesia: un momento en el que escuchar al Espíritu Santo, para seguir haciendo florecer hoy las inspiraciones carismáticas dadas un día a vuestros Fundadores».
A continuación, se detuvo en tres «dimensiones existenciales y apostólicas comunes» a las diversas realidades de los capítulos: el discernimiento, la formación y la caridad. Respecto a la primera, recordó que el discernimiento «forma parte de la vida, tanto en los momentos solemnes de las grandes opciones como en los momentos cotidianos de las pequeñas decisiones», y que «está ligado a nuestro ser libre y, por tanto, expresa y lleva a plenitud, día a día, la vocación humana común y la identidad particular y única de cada uno de nosotros». Reconoció que se trata de «un trabajo fatigoso», pero también «una gran experiencia de felicidad, porque decidir bien, decidir correctamente, da alegría».
En ese sentido, el Papa aseguró que «nuestro mundo tiene tanta necesidad de redescubrir el gusto y la belleza de decidir, sobre todo en lo que se refiere a las opciones definitivas» y «necesita, por tanto, padres y madres que ayuden, sobre todo a los jóvenes, a comprender que ser libre no es permanecer eternamente en una encrucijada, haciendo pequeñas ‘escapadas’ a derecha e izquierda, sin tomar nunca realmente un camino. Ser libre significa apostar -¡apostar! – por un camino, con inteligencia y prudencia, ciertamente, pero también con audacia y espíritu de renuncia, para crecer y progresar en la dinámica del don, y ser felices, amando según el plan de Dios».
«Esa búsqueda gozosa de la verdad»
Conectó ahí Francisco con el segundo punto de la audiencia, la formación. «Solo quien se reconoce humilde y constantemente ‘en formación’, de hecho, puede esperar ser un buen ‘formador’ o ‘formadora’ para los demás». Para ilustrar que «la educación, a cualquier nivel, es siempre, ante todo, compartir caminos y comunicar experiencias», citó la (Constitución apostólica Veritatis gaudium en el pasaje que habla de «esa búsqueda gozosa de la verdad, ‘que inquieta el corazón de todo hombre hasta que encuentra, habita y comparte con todos la Luz de Dios’»
En este punto, advirtió sobre la inquietud del corazón. «Una cosa es estar en paz y otra cosa es estar inquieto. Debemos estar en paz, pero inquietos. También en este sentido su misión de hoy es decididamente profética, en un contexto social y cultural caracterizado por la circulación arremolinada y continua de la información, pero, por otra parte, dramáticamente pobre en relaciones humanas. Urgen en nuestro tiempo educadores que sepan hacerse amorosamente compañeros y acompañantes de las personas que se les confían».
Afirmación que llevó al tercer punto, el de la caridad. Recordó que las cuatro fundaciones presentes «fueron creadas para apoyar y educar a jóvenes indigentes que, sin la ayuda necesaria, no habrían podido acceder a una educación adecuada para su futuro, ni siquiera responder a su vocación». Del mismo modo, «será bueno que también vosotros, especialmente en estos días de discernimiento comunitario, tengáis constantemente ante los ojos el rostro de los pobres y estéis vigilantes para que, bajo su mirada, en vuestras asambleas, esté siempre vivo y palpitante el impulso de gratuidad y de amor desinteresado, gracias al cual comenzó vuestra presencia en la Iglesia».
Recordó el Papa que, «en el Juicio Final, el Señor no nos preguntará: ‘¿Qué has estudiado? ¿Cuántos títulos has obtenido? ¿Cuántas obras has traído…?’ No, no: ‘Venid, venid conmigo’, dirá el Señor, ‘porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber; fui perseguido y me guardasteis’. Este es el tema del examen final por el que seremos juzgados». Por eso pidió: «No descartéis a las personas, no seleccionéis a las personas con criterios mundanos: lo importantes que son, cuánto dinero tienen…» Esta cultura, denunció, «proviene del individualismo, de la fragmentación, que por desgracia domina nuestro tiempo».








