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El Papa propone a santa Teresita como ejemplo de Iglesia «amante, humilde y misericordiosa»

La exhortación apostólica C’est la confiance del papa Francisco tiene como tema el amor misericordioso de Dios, al hilo del 150 aniversario del nacimiento de santa Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz. «La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al Amor», palabras de la joven santa francesa que «resumen la genialidad de su espiritualidad», escribe el Pontífice, según recoge Johan Pacheco en Vatican News.

Este año se han conmemorado dos fechas importantes de esta santa: el 150 aniversario de su nacimiento y el centenario de su beatificación. A través de cuatro capítulos, Francisco presenta la vida y experiencia espiritual de santa Teresita, que falleció a los 24 años.

«La Iglesia reconoció rápidamente el valor extraordinario de su figura y la originalidad de su espiritualidad evangélica», afirma, justo antes de hacer un repaso por el modo en que los pontífices siguieron su vida.

En el primer capítulo, Francisco presenta la experiencia cristiana en la santa, desde su oración, vida mística, pero con alma misionera. «Teresita pudo definir su misión con estas palabras: «En el cielo desearé lo mismo que deseo ahora en la tierra: amar a Jesús y hacerle amar»». Una alma misionera, señala Francisco, que enseña «su modo de entender la evangelización por atracción, no por presión o proselitismo».

En el segundo capítulo, el Santo Padre recuerda el valor del camino de la infancia espiritual propuesto por santa Teresa del Niño Jesús, que subraya la primacía de la acción de Dios y la confianza plena en la misericordia de Cristo.

«Teresita relató el descubrimiento del caminito en la Historia de un alma: “A pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo”».

«La Historia de un alma es un testimonio de caridad, donde Teresita nos ofrece un comentario sobre el mandamiento nuevo de Jesús: ámense los unos a los otros, como yo los he amado», escribe el Papa en el tercer capítulo de su exhortación ofreciendo un panorama de la repuesta confiada del amor de la santa, a través del prójimo, al amor misericordiosos de Dios.

En este sentido, propone a santa Teresita como modelo de una Iglesia «amante, humilde y misericordiosa». «Nunca se pone por encima de os demás, sino en el último lugar con el hijo de Dios, que por nosotros se convirtió en siervo y se humilló. Tal descubrimiento del corazón de la Iglesia es una gran luz para nosotros hoy, para no escandalizarnos por los límites y debilidades de la institución eclesiástica, marcada por oscuridades y pecados, y entrar en su corazón ardiente de amor, que se encendió en Pentecostés gracias al don del Espíritu Santo».

En el cuarto capítulo, recuerda que el anuncio de una Iglesia misionera se centra en lo esencial: «La belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado», y el aporte específico que regala Teresita: «Consiste en llevarnos al centro, a lo que es esencial, a lo que es indispensable. Ella, con sus palabras y con su propio proceso personal, muestra que, si bien todas las enseñanzas y normas de la Iglesia tienen su importancia, su valor, su luz, algunas son más urgentes y más estructurantes para la vida cristiana».

«Querida santa Teresita, la Iglesia necesita hacer resplandecer el color, el perfume, la alegría del Evangelio. ¡Mándanos tus rosas! Ayúdanos a confiar siempre, como tú lo hiciste, en el gran amor que Dios nos tiene, para que podamos imitar cada día tu caminito de santidad. Amén», concluye.

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