Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

«El publicano se había quedado lejos, ni se atrevía a levantar los ojos al cielo» (Lc 18,13)

La vocación a la santidad es universal, todos estamos llamados a ser santos. Ser santo no es ser perfecto; todos los santos han tenido una vida marcada por claros y oscuros, momentos en los que se han encontrado con el rumbo perdido y otros en los que han podido enderezarlo y dirigirlo hacia Dios. Lo que marca la santidad no es tanto la inexistencia de errores a lo largo de la vida como la capacidad para reconocerlos y rectificar un rumbo equivocado y dirigirlo, humildes como el publicano en el templo, hacia Cristo. Como escribe el papa León XIV en su primera Exhortación Apostólica: «La santidad pasa por un corazón humilde y volcado en los pequeños». ( Dilexi té , 67).

Los santos son humildes buscadores y la búsqueda de Dios no es un camino fácil. Son bien conocidas por todas las noches oscuras que vivieron san Juan de la Cruz, santa Teresa del Niño Jesús o santa Teresa de Calcuta, por nombrar tan sólo unos ejemplos. También nos son bien conocidos los caminos hacia la conversión de san Pablo o de san Agustín, para poner de nuevo tan sólo dos ejemplos. Por eso los santos nos son modelos de vida, no por su perfección inalterable o por ser inmunes al pecado, sino por su lucha por reflejarse en Cristo y seguir su ejemplo.

Ninguno de nosotros, santo o no, seremos nunca como Cristo. Él es el modelo de hombre perfecto porque Él es el Hijo de Dios hecho hombre; pero su misma encarnación nos quiere mostrar que también para nosotros andar hacia la santidad, a pesar de todas nuestras limitaciones humanas, a pesar de todas nuestras debilidades tan físicas como morales, como las define San Benito en su Regla, no es algo imposible; fácil no lo es, pero en ningún caso imposible.

Son los santos de ayer y de hoy, tanta gente que la Iglesia ha reconocido como santos y santas a lo largo de los siglos, por su vida dirigida hacia Cristo: son ellos los que puede convenirnos de tener como modelos, para aprender de sus errores y sobre todo de sus aciertos, en este camino que es la fe y que nos conduce hacia Cristo de la mano del mismo.

Celebramos esta semana en san Narciso, el santo patrón de la sede de nuestra diócesis, aquél a quien la tradición nos sitúa en las raíces mismas de nuestra fe como Iglesia de Gerona. Una figura, la suya, que nos ayuda en nuestro camino personal y comunitario de fe; somos sus herederos espirituales y esto debe motivarnos a vivir nuestra fe con constancia, perseverancia, paciencia y esperanza.

Celebramos también esta semana a todos los santos, a todos aquellos de los que la Iglesia desconoce su santidad, pero sabe que gozan ya del Reino. Son aquellos santos «de la puerta de al lado» de los que tanto hablaba el papa Francisco, los santos anónimos y al mismo tiempo muy cercanos.

Que el ejemplo de todos ellos nos ayude a todos nosotros a andar hacia Cristo, porque Él es el camino, la verdad y la vida.

Share this…

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now