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Engrandece mi alma al Señor

50 años de la Hospitalidad de Lourdes en nuestra archidiócesis

Damos gracias a Dios por los cincuenta años de vida de la Hospitalidad Diocesana de Nuestra Señora de Lourdes de Toledo. Medio siglo de entrega generosa, de servicio callado y de testimonio evangélico al lado de quienes ocupan un lugar privilegiado en el corazón de Cristo: los enfermos.

Ante este acontecimiento, por el que estoy profundamente agradecido a Dios y a todos los que han trabajado incansablemente, me gustaría elevar un Magníficat, un canto de acción de gracias, por tres razones:

  1. Por las personas que, a lo largo de estas décadas, han hecho posible esta hermosa obra de misericordia: sacerdotes, seminaristas, religiosas, sanitarios, voluntarios, jóvenes, familias y peregrinos. Todos ellos han puesto sus talentos al servicio de una misión: acompañar, cuidar, escuchar y mostrar el rostro compasivo de la Iglesia.
    Los comienzos fueron sencillos. De la mano de don Francisco Merchán, sacerdote, y de sor Petra Ortega, hija de la Caridad, junto a un pequeño grupo de enfermos y hospitalarios, se inició una aventura de fe que pronto arraigó en nuestra Archidiócesis. Desde 1976, el recordado «Tren de la Esperanza» llevó a miles de peregrinos desde Toledo hasta el santuario de Lourdes. Aquellos vagones que, en ocasiones, superaban las mil doscientas personas fueron expresión visible de una Iglesia que caminaba junto a sus enfermos. Más tarde llegaron otras circunstancias y otros medios de transporte. Sin embargo, la Hospitalidad ha seguido adelante con fidelidad y esperanza, congregando cada año entre 650 y 800 peregrinos que encuentran en Lourdes una experiencia profunda de encuentro con Jesús y la Virgen María en la Iglesia.
  1. Por la Hospitalidad de Lourdes de nuestra Archidiócesis, que nos recuerda una verdad fundamental del evangelio: los enfermos son protagonistas de la vida de la Iglesia. En ellos contemplamos el rostro sufriente de Cristo y aprendemos lecciones de paciencia y esperanza. Los hospitalarios sois la mano larga de la Iglesia para cuidar a nuestros enfermos. Vosotros vivís la verdad de acoger a Cristo en todo y todos. Gracias.
  2. Por la espiritualidad y la vivencia profunda que se experimentan en el santuario de Lourdes. Estar allí es respirar el aire de la brisa suave del amor de Dios por cada uno. Este año, el santuario de Lourdes inicia un itinerario espiritual de tres años centrado en los grandes acontecimientos de la vida de María. En 2026 contemplamos la Anunciación; en 2027, la Visitación; y en 2028 celebraremos el Magnificat, coincidiendo con el 170.º aniversario de las apariciones.
    En este año se nos invita a volver nuestra mirada hacia María en la Anunciación. La Hospitalidad de Lourdes ha nacido y crecido desde esa actitud de disponibilidad. Durante cincuenta años ha sabido responder generosamente a la llamada del Señor, llevando consuelo a los enfermos y ayudando a tantos peregrinos a descubrir la presencia amorosa de Dios en sus vidas.
    Que Nuestra Señora de Lourdes siga protegiendo esta querida realidad diocesana. Si Dios quiere, el Santo Padre podrá recibir próximamente a la Hospitalidad de nuestra Archidiócesis como celebración de este 50 aniversario. Pidamos al Señor que suscite nuevas vocaciones de servicio. Que cuantos formáis parte de la Hospitalidad continuéis siendo testigos de la ternura de Dios entre nosotros. Recibid mi bendición agradecida.
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