Mientras los fieles siguen despidiéndose del Pontífice, los cardenales comienzan el diálogo sobre la Iglesia y el mundo
Reza un titular de los medios vaticanos que el pueblo abraza al Papa en estas horas previas a la Misa exequial y al entierro en Santa María la Mayor, mientras su cuerpo sin vida se muestra en la basílica de San Pedro. Y es cierto, como ha comprobado en directo este periodista, porque la riada de personas que pasa incesantemente por la nave central del templo vaticano se divide en dos al llegar al altar de la confesión, como si quisiese, precisamente, abrazar al Pontífice.
El Papa que destacó por la ternura —recordemos las imágenes icónicas del abrazo a aquel hombre lleno de tumores, a la mujer anciana en Paraguay o al niño que lloraba desconsoladamente en la JMJ de Brasil…— recibe ahora el cariño y el adiós de los fieles.
Y entre las numerosas imágenes, testimonios, lágrimas y oraciones, también se esconden detalles que pasan casi desapercibidos y que encajan perfectamente con el estilo de Francisco. Por ejemplo, a la entrada de la basílica, en una esquina, se ven numerosos carritos de niño y bebé, que indican la presencia de un buen nutrido grupo de pequeños entre los fieles. Esos pequeños que siempre obtuvieron la atención de Francisco. Él instituyó la Jornada Mundial de los Niños y clamó por su protección. Uno de los últimos eventos de su pontificado fue una cumbre internacional en el Vaticano sobre los derechos de los más pequeños.
Los detalles también rodean al cuerpo de Francisco, porque se le ve con sus zapatos negros característicos, seguro que desgastados, o el rosario de siempre entre sus manos. Y a ras de suelo, pegadas al féretro, flores: en sus pies, una casi imperceptible rosa roja; en la cabecera, las rosas blancas y flores amarillas que recuerdan a las que le llevó Carmela, aquella mujer a la que citó en su primera aparición pública tras su estancia en el Gemelli. Esta «señora», tal y como documentó Salvatore Cernuzio, periodista de los medios vaticanos, rindió tributo al Papa fallecido este miércoles.
Pero hay más detalles que hubiesen gustado a Francisco. Por ejemplo, que algunas personas con discapacidad hayan podido acercarse a él más que el resto. Hasta las 19:00 horas de este jueves ya habían pasado por delante del Pontífice fallecido unas 90.000 personas.
Los pobres, un lugar privilegiado en el entierro
Precisamente, el Vaticano ha confirmado que los pobres tendrán un lugar especial en el entierro del Pontífice este sábado. Unos 40 recibirán sus restos en las escaleras de Santa María la Mayor portando una rosa blanca, entre ellos, migrantes, personas sinhogar, transgénero o reclusos de la cárcel de Rebbibia, donde abrió una Puerta Santa por el Jubileo.
«Seguramente casi todos han tenido la oportunidad de conocerlo al menos una vez», declaró a los medios vaticanos Benoni Ambarus, obispo auxiliar de Roma y secretario de Migraciones de la Conferencia Episcopal Italiana.
Tercera congregación general
Mientras tanto, los 113 cardenales que participaron en la tercera congregación general ya comenzaron el diálogo sobre el mundo y la Iglesia.
Además, eligieron a los dos eclesiásticos de recta doctrina, sabiduría y autoridad moral, como solicita la Universi Dominicis Gregis, la constitución que regula la Sede Vacante y la Elección del nuevo Papa.
Se trata del padre Donato Ogliari, OSB, que es abad de la basílica de San Pablo Extramuros, que pronunciará la primera meditación este lunes, y el cardenal Raniero Cantalamessa, predicador emérito de la Casa Pontificia, que lo hará al inicio del cónclave.
Según la citada constitución, estas meditaciones deben abordar los problemas de la Iglesia en el momento e iluminar la elección del nuevo Pontífice.








