Reunidos en Madrid los obispos de la Conferencia Episcopal Española, del 20 al 24 de noviembre, entre otros asuntos, hemos tratado el del drama de los abusos a menores y a personas vulnerables en ámbitos eclesiásticos. A continuación, les presento un extracto de la carta que dirigimos al Pueblo de Dios y a la sociedad en general.
Los abusos a menores nos han llenado de tristeza. Como en otras ocasiones, queremos expresar sin ambages el dolor, la vergüenza y la pesadumbre que causa en nosotros esta realidad que traiciona el mensaje del Evangelio. De ninguna manera pretendemos buscar excusas o justificaciones para eludir cualquier responsabilidad que pueda correspondernos como Iglesia. Al mismo tiempo, reiteramos nuestra más sincera petición de perdón a todas las personas que han sufrido debido a estas execrables acciones. También pedimos perdón a Dios por estos actos.
Muchos de nosotros nos hemos encontrado con las víctimas de estos abusos. Hemos conocido su rostro, su historia, su nombre. Les hemos pedido perdón y nos hemos hecho cargo de su dolor. Ante todo, les aseguramos que continuamos con el compromiso, iniciado el año 2001, de tomar medidas concretas para prevenir futuros abusos. Estamos revisando y actualizando nuestros protocolos de actuación y colaborando con las autoridades civiles. Nuestras oficinas de protección están a su disposición para escuchar y acoger su dolor. Además, se han comenzado procesos de formación de todos los que en la Iglesia trabajan con menores, para que puedan ayudar a prevenir esta lacra social.
Los obispos españoles consideramos que los casos de abusos son asuntos muy serios que deben ser tratados dentro del marco legal. Lamentablemente, afectan a todos los sectores de la sociedad. La inmensa mayoría de los abusadores son familiares o personas cercanas a la víctima, por lo que, poner el foco únicamente en la Iglesia es desenfocar el problema. Las recomendaciones y las medidas que haya que tomar han de estar dirigidas a toda la sociedad. Creemos que el camino para poder sanar esta lacra en la Iglesia y en la sociedad es que trabajemos conjuntamente para construir entornos justos, seguros y compasivos, donde cada persona sea amada, valorada y respetada.
Aunque estamos convencidos de que lo importante son las personas, no los números, este año se han dado a conocer cuatro informes sobre los abusos sexuales a menores y personas vulnerables. Nuestra Conferencia, a partir del trabajo realizado por las Oficinas diocesanas de protección, elaboró el titulado “Para dar luz” y recogió 728 testimonios desde los años 40 hasta hoy. Somos conscientes de que no bastan las palabras. Nuestra acción continúa. Estamos trabajando el primer borrador del plan de reparación integral de las víctimas que pretende prestarles atención, la reparación integral y la formación para la prevención.
Estamos esperanzados. Más allá de nuestras limitaciones y fragilidades, las personas de Iglesia nos entregamos cada día ayudando, acompañando, consolando y cumpliendo con una misión no siempre reconocida, lo que nos hace estar orgullosos de nuestra fe. No es justo atribuir a todos el mal causado por algunos. Nuestro compromiso frente a los abusos continúa. Al mismo tiempo, ofrecemos humildemente nuestra experiencia triste y dolorosa para ayudar a luchar contra esta lacra.
A todos, y especialmente a los pastores, les damos las gracias y los animamos a vivir con ilusión y esperanza el tesoro del ministerio que se les ha confiado. Y, en fin, hacemos un llamamiento a los fieles católicos para que los acompañen, alienten y arropen en su entrega diaria. Al Señor nos encomendamos.







