El Papa destaca que la liturgia debe educar a los fieles para una escucha más verdadera de la injusticia y el sufrimiento, y que «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios»
El papa León XIV ha presentado hoy su mensaje para el inminente tiempo de Cuaresma de 2026, un documento que, con la mirada puesta en la preparación espiritual de los fieles, invita a una reflexión profunda con el lema: «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión». En esta exhortación, el Pontífice propone un camino de renovación que pretende situar de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra existencia cotidiana, evitando así que el corazón se pierda entre las inquietudes, prisas y agitaciones del día a día.
En su mensaje, el Santo Padre destaca que todo camino de conversión auténtica comienza con una acogida de la Palabra de Dios desde la docilidad de espíritu. La escucha, de esta manera, es algo más que un mero acto pasivo: es el primer signo del deseo de entrar en relación con el otro.
Tomando como referencia el pasaje del Éxodo, donde Dios escucha el clamor de su pueblo en Egipto, León XIV señala que la escucha es un rasgo distintivo de la divinidad. Por ello, la liturgia debe educar a los fieles para una escucha más verdadera de la realidad. Según el Papa, las Sagradas Escrituras deben capacitar a la Iglesia para reconocer la voz de la injusticia y el sufrimiento. En este sentido, se muestra tajante al afirmar que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».
Como camino conjunto a la escucha, el mensaje aborda el ayuno no solo como una privación física, sino como una práctica que dispone al cristiano para acoger la Palabra. El Papa explica, así, que esta práctica ascética ayuda a discernir los deseos esenciales y mantiene despierta la sed de justicia, convirtiéndola en responsabilidad hacia el prójimo. Citando la sabiduría antigua de san Agustín, recuerda que el ayuno permite expandir el alma y orientarla hacia el bien. Y advierte que para que esta práctica conserve su verdad evangélica, debe vivirse con humildad y estar arraigada en la comunión con el Señor, pues «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios». Además, subraya que la sobriedad es fundamental, ya que «solo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».
Un punto innovador en el mensaje de este año es la invitación a un ayuno muy concreto: la abstinencia de palabras hirientes. León XIV insta de este modo a los fieles a «desarmar el lenguaje», renunciando a las calumnias, juicios inmediatos y palabras que lastiman en todos los ámbitos, desde la familia hasta las redes sociales y los debates políticos. La meta es que las palabras de odio dejen paso a palabras de esperanza y paz.
Finalmente, el Papa recuerda que la Cuaresma tiene una dimensión comunitaria ineludible. No se trata solo de la conversión individual, sino de transformar el estilo de las relaciones en las parroquias, familias y grupos eclesiales. Y concluye su mensaje pidiendo la gracia de una Cuaresma que haga a la Iglesia más atenta a Dios y a los últimos. El objetivo final de este itinerario de escucha y ayuno es que las comunidades cristianas se conviertan en lugares de acogida y liberación, contribuyendo así a edificar lo que ha denominado como la «civilización del amor». El mensaje, firmado el pasado 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, termina con la bendición apostólica para todos los fieles en su camino penitencial de conversión.






