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Estas son las tres tareas que León XIV encomienda a las familias diez años después de Amoris laetitia

Educar en el amor desde la infancia, acoger a quienes atraviesan una crisis y volver a rezar juntos en casa, en la homilía que leyó el cardenal Tagle en San Pedro

El cardenal Luis Antonio Tagle, decano del Colegio Cardenalicio, ha leído este miércoles en la plaza de San Pedro la homilía que León XIV había preparado para la misa del décimo aniversario de Amoris laetitia. En ella, el Papa presenta la vida doméstica como «la primera escuela del afecto» y advierte de que, «sin familias fuertes, abiertas al don de los hijos, atentas a su educación y crecimiento, el mundo no tiene futuro». El Pontífice no ha podido presidir la celebración porque se recupera de la intervención a la que se sometió el martes en el Policlínico Gemelli para extirparle un nódulo pulmonar.

La homilía arranca con la frase que abría la exhortación de Francisco en 2016, «la alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia». El objetivo de la misa era presentar al Señor el trabajo realizado en esta década para asimilar el documento y aplicar sus orientaciones pastorales. A partir del himno a la caridad de san Pablo, que Amoris laetitia toma como base de su capítulo cuarto, León XIV describe el matrimonio como un camino en el que los esposos maduran cada uno en su singularidad mientras se van pareciendo el uno al otro. Por eso define la alegría del amor como «una lenta fusión de ambos esposos, en la que la singularidad de uno florece, en el don, a través de la presencia del otro».

Educar en el amor antes del curso prematrimonial

El Papa pide educar en las virtudes a los jóvenes que se preparan para casarse, y destaca entre ellas la castidad, a la que el documento llama «condición preciosa para el crecimiento genuino del amor interpersonal». Elogia los itinerarios que organizan parroquias y zonas pastorales, aunque precisa que «estos programas por sí solos no bastan si no van precedidos y apoyados por una educación en el amor que acompañe todo el crecimiento del niño, desde la infancia». Para respaldarlo recurre a Francisco, que escribió que «cada persona se prepara para el matrimonio desde su nacimiento».

En esa lógica, la caridad que se vive en casa, «con sus momentos de dificultad, errores y fracasos», es el primer aprendizaje de la alegría del amor. León XIV pide valorar y apoyar a tantas familias que viven su vocación cada día «con discreción, pero con una fidelidad a veces heroica», porque considera que su testimonio difunde el Evangelio con más eficacia que cualquier otro medio.

Una Iglesia que acoja también a quien está en crisis

Retomando la expresión de Amoris laetitia que define a la Iglesia como «familia de familias», el Papa enumera a quienes se beneficiarían de un clima de cuidado mutuo. Menciona a los recién casados, a los padres que afrontan la crianza y a los ancianos, cuyo papel como testigos de sabiduría debe reconocerse aunque disminuyan sus fuerzas. Incluye también a los más frágiles y a quienes atraviesan momentos de crisis, que deben encontrar apoyo «rodeados de afecto y protegidos del juicio y los prejuicios». Con palabras del Sínodo de 2015, recuerda que ninguna familia está tan herida que no pueda crecer a partir del amor.

De esa misma caridad hace derivar la apertura y el respeto a la vida «desde la concepción hasta la muerte natural». Cita además el pasaje en el que Francisco afirmaba que «ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad».

Volver a rezar en casa

El último llamamiento del Papa se dirige a la oración familiar. León XIV lamenta que en muchas partes del mundo se haya debilitado considerablemente la costumbre de rezar juntos en el hogar, «antes de las comidas, al principio y al final del día, o en ocasiones especiales». Recuerda que Amoris laetitia subraya la importancia de la espiritualidad familiar y de la misa dominical, y que anima a varias familias a reunirse con regularidad para crecer en la fe y ayudarse en lo concreto. La oración común y los sacramentos, escribe, permiten llegar juntos «a lugares a los que nunca llegaríamos solos», y por eso exhorta «fervientemente» a redescubrir esta práctica.

Comunión con el patriarca caldeo de Bagdad

Tras la homilía, Tagle explicó que presidía la misa con un mandato especial del Papa para manifestar públicamente la comunión eclesiástica que León XIV ha concedido a Polis III Nona, patriarca de Bagdad de los caldeos, presente en la celebración. El cardenal recordó que este gesto remite a una práctica antigua que sellaba la unidad de las Iglesias patriarcales con Roma y que «no representa, por tanto, una mera formalidad». Aseguró además al patriarca la oración de toda la Iglesia por sus fieles, puestos a prueba desde hace tiempo. La celebración concluyó con la oración a la Sagrada Familia con la que Francisco cerró Amoris laetitia hace diez años.

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