El reconocimiento valora su contribución a la mejora de la actividad penitenciaria, a la que sirvió durante más de 30 años como capellán
La Administración Penitenciaria ha concedido al arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Florencio Roselló, la Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario por «la realización de importantes servicios en el ámbito penitenciario, así como por su contribución a la mejora de la actividad penitenciaria en cualquiera de sus manifestaciones».
Jonatan García, director del centro penitenciario de Pamplona, ha sido el encargado de entregar el reconocimiento este martes, fiesta de la Virgen de la Merced, en la misma prisión.
Tras recoger la Medalla, Roselló ha afirmado que esta distinción «supone reconocer el compromiso de la Iglesia en la cárcel, con los hombres y mujeres que están en prisión».
Tal y como relata el mismo, en una reciente audiencia con el Papa, este pidió a los obispos que «vayan a la cárcel», que vayan «a encontrarse con Cristo que está preso».
«Esta medalla es la Iglesia, son tantos hombres y mujeres que están esperando una palabra, un abrazo, un perdón de la Iglesia. Esta medalla es el Evangelio en primera persona», ha agregado.
30 años como capellán
Roselló, religioso mercedario, ejerció durante más de treinta años como capellán de prisiones y, antes de su consagración episcopal, el pasado mes de enero, fue responsable durante ocho años de animar y coordinar la Pastoral Penitenciaria en España como director del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española.
Hace justo un año, y justo antes de su nombramiento como arzobispo de Pamplona, ECCLESIA pasó un día con él en la cárcel de Castellón. Así iniciaba el reportaje Luis Rivas, el periodista que lo acompañó: «Accedemos al Centro Penitenciario de Castellón de la Plana en compañía de su capellán, Florencio Roselló, que entra con llave. De primeras, recorremos la prisión repartiendo los permisos para ensayar con el coro. Todo son facilidades si vienes con él. “El padre es un artista”, comenta Tomás, el agente que nos escolta. “Se ocupa personalmente del 90% de los internos, 600 hombres y 80 mujeres, independientemente de su religión. Es indispensable aquí: atiende espiritual y materialmente”, agrega»








