El Santo Padre les ha recibido con motivo del 160° aniversario de su fundación y ha pedido a la comunidad «normas que garanticen los derechos humanos en todas partes»
El Papa Francisco ha recibido este sábado a los voluntarios de la Cruz Roja Italiana con motivo del 160° aniversario de la fundación de esta organización. El Santo Padre ha hecho un llamamiento a «globalizar la solidaridad tanto a nivel nacional como internacional en una época en la que el racismo y el desprecio crecen como la discordia en el mundo». Además ha agradecido a los operadores su preciosa presencia, especialmente donde «el estruendo de las armas ahoga el grito del pueblo, su anhelo de paz y su deseo de futuro». La fraternidad es posible, indicó, cuando el compromiso está «inspirado en los principios de humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad».
Amar a los hermanos sin fronteras
El Papa reconoce el valor de la acción de «muchas personas de buena voluntad que trabajan para defender a los más vulnerables», y anima a la Cruz Roja, «símbolo elocuente de un amor a los hermanos que no tiene fronteras, ni geográficas ni culturales, sociales, económicos o religiosos, para continuar su servicio insustituible en zonas de conflicto o afectadas por catástrofes medioambientales, en el ámbito de la formación y de la salud y en el compromiso demostrado a favor de los migrantes, los últimos y los más vulnerables».
Globalizar la solidaridad
Por tanto, el Pontífice parte del lema de este aniversario «En todas partes y para todos», para recordar que «ningún contexto puede decirse libre de sufrimiento, libre de heridas del cuerpo y del alma, y que, por tanto, es necesario globalizar la solidaridad, globalizar la solidaridad, operando a nivel nacional e internacional».
El racismo y el desprecio están creciendo
Frente a una sociedad actual que «se trata más de mí que de nosotros, una sociedad en ese sentido egoísta», continúa el Papa Francisco, «la palabra cualquiera nos recuerda que cada persona tiene su dignidad y merece nuestra atención. No podemos mirar hacia otro lado ni descartarla por sus condiciones, su discapacidad, su origen o su estatus social. Por eso les insto a seguir apoyando a nuestros hermanos y hermanas necesitados, con competencia, generosidad y dedicación, especialmente en una época en la que el racismo y el desprecio crecen como la discordia. Seamos instrumentos de fraternidad y de paz, protagonistas de la caridad y constructores de un mundo fraterno y solidario».
Además este sábado el Santo Padre también ha recibido a los miembros de la Fundación Santa Ángela de Mérici, de Siracusa, Italia, con motivo del 50° aniversario de la fundación de esta organización eclesial que, siguiendo la inspiración y el compromiso de Monseñor Salvatore Gozzo, se pone cada día al servicio de las personas más frágiles. Les ha animado a «continuar en este camino. Y pido para ustedes una gracia, que es la más importante de todas: la gracia de saber conmoverse, la capacidad de llorar con quien llora».







