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Francisco llama a mirar a Jesús, dejarse encontrar por su misericordia y buscar la capacidad de transformación que hay en cada hombre

La Santa Sede hace pública la catequesis de la Audiencia General que el Papa ha preparado desde su residencia de Santa Marta, donde sigue recuperándose de sus problemas respiratorios

La Santa Sede ha publicado hoy la catequesis del papa Francisco como parte del ciclo que, bajo el lema «Jesucristo, nuestra esperanza», sirve de preparación para el Jubileo de 2025. El Pontífice, todavía convaleciente de sus problemas respiratorios, ha preparado el texto desde su residencia en Santa Marta, donde continúa con su recuperación. Se trata, en esta ocasión, de una profunda meditación sobre el encuentro de Jesús con Zaqueo, un episodio evangélico que, según ha confesado, ocupa un lugar especial en su propio camino espiritual y al que ha llamado a la contemplación desde una cercanía fraternal.

De esta forma, el Papa inicia su reflexión poniendo el foco sobre Jericó, una ciudad «situada por debajo del nivel del mar, considerada una imagen del infierno». Esta ubicación, destaca, lejos de ser casual subraya la voluntad de Jesús de «ir a buscar a aquellos que se sienten perdidos». Imagen que sirve a Francisco para establecer un paralelismo entre el descenso de Jesús a Jericó y su presencia continua «en los infiernos de hoy, a los lugares de guerra, al dolor de los inocentes, al corazón de las madres que ven morir a sus hijos, al hambre de los pobres».

En ese contexto, emerge la figura de Zaqueo, presentado como alguien «que parece irremediablemente perdido». Lucas detalla sus características: «No solo es publicano, es decir, uno que recauda impuestos de sus conciudadanos para los invasores romanos, sino que es incluso el jefe de los publicanos, como diciendo que su pecado se multiplica». Además, se menciona que Zaqueo «es rico, dando a entender que se ha enriquecido a costa de los demás, abusando de su posición». Esta situación, a su juicio, lo llevaba con toda probabilidad a sentirse «excluido, despreciado por todos».

A pesar de su posición marginal, Zaqueo experimenta un «deseo» de ver a Jesús cuando se entera de su paso por la ciudad. Sin embargo, se encuentra con obstáculos: «¡Zaqueo es de baja estatura!», señala el Papa, al igual que el hecho de que «la multitud impide que Zaqueo vea» al Mesías. Ante estas dificultades, echa mano de una determinación infantil: «Como un niño, se sube a un árbol». Este acto, que requería «valor y no avergonzarse», revela un deseo genuino de conectar con Dios que supera, por fuerza, la preocupación por la «propia imagen».

En un giro inesperado del relato, «Jesús, cuando llega allí cerca, alza la mirada». Este momento crucial marca un punto de inflexión: Zaqueo, sintiéndose «descubierto», probablemente esperaba un «reproche público», pero halla una reacción sorprendente de Jesús: «¡Hoy tengo tengo que alojarme en tu casa!». Francisco no puede dejar de subrayar la profundidad de estas palabras: «Dios no puede pasar sin buscar al que está perdido».

A continuación, Lucas destaca la intensa alegría de Zaqueo: «Es la alegría de quien se siente mirado, reconocido y, sobre todo, perdonado». El Santo Padre destaca entonces que «la mirada de Jesús no es una mirada de reproche, sino de misericordia», una misericordia que a veces nos cuesta aceptar, especialmente cuando se dirige a quienes consideramos que no la merecen, incluidos nosotros mismos.

La transformación de Zaqueo se manifiesta concretamente en su hogar. Después de escuchar las palabras de perdón de Jesús, «se levanta, como si resucitara de su condición de muerte», y asume un compromiso radical: «Devolver el cuádruple de lo que ha robado». El Papa aclara que esto «no se trata de un precio a pagar, porque el perdón de Dios es gratuito, sino del deseo de imitar a Aquel de quien se sintió amado». Zaqueo, combinando la legislación romana y la ley rabínica, da «pasos concretos» que nacen de su propia historia.

Finalmente, y como no podía ser de otra forma, el Santo Padre extrae una enseñanza universal de este encuentro: «Aprendamos de Zaqueo a no perder la esperanza, incluso cuando nos sentimos marginados o incapaces de cambiar». La invitación es a «cultivar nuestro deseo de ver a Jesús y, sobre todo, dejemos que nos encuentre la misericordia de Dios, que siempre viene a buscarnos, en cualquier situación en la que nos hayamos perdido».

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