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Francisco publica su mensaje para la Jornada de las Misiones: «La Iglesia es enviada a reavivar la esperanza en un mundo abrumado por densas sombras»

El Papa recuerda que «rezar es la primera acción misionera y, al mismo tiempo, “la primera fuerza de la esperanza”»

El papa Francisco ha publicado una reflexión de cara a la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebrará el próximo 19 de octubre. En su documento, el sucesor de Pedro subraya que la Iglesia, en tanto «comunidad de los discípulos-misioneros de Cristo», es hoy enviada «a reavivar la esperanza en un mundo abrumado por densas sombras». Y no sin dificultades, pues «aun teniendo que afrontar, por un lado, persecuciones, tribulaciones y dificultades, y, por otro lado, sus propias imperfecciones y caídas, a causa de las fragilidades de sus miembros, está impulsada constantemente por el amor de Cristo» y «prolonga» la misión encomendada por el mismo Jesús «ofreciendo la vida por todos en medio de las gentes».

El documento, titulado «Misioneros de esperanza entre los pueblos y fechado el 25 de enero, fiesta de la conversión del apóstol san Pablo, se ha hecho público hoy, 6 de febrero, coincidiendo con la memoria litúrgica de los santos Pablo Miki y su grupo de 25 mártires japoneses, entre ellos ocho sacerdotes y religiosos de la Compañía de Jesús y de la Orden de los Hermanos Menores, misioneros europeos o nacidos en Japón, y 17 laicos.

Estructurado en tres párrafos, el tema central que recorre sus líneas vuelve a ser la esperanza, faro del Jubileo, y que «recuerda a cada cristiano y a la Iglesia, comunidad de bautizados, la vocación fundamental a ser mensajeros y constructores de la esperanza». «El Señor Jesús —afirma— continúa su ministerio de esperanza para la humanidad por medio de sus discípulos, enviados a todos los pueblos y acompañados místicamente por Él», mientras sigue «inclinándose ante cada persona pobre, afligida, desesperada y oprimida por el mal, para derramar sobre sus heridas “el aceite del consuelo y el vino de la esperanza”».

Francisco también ha querido agradecer a todos los misioneros que, «siguiendo la llamada divina», han ido a otras naciones «para dar a conocer el amor de Dios en Cristo». «Sus vidas son una respuesta concreta al mandato de Cristo resucitado, que ha enviado a sus discípulos a evangelizar a todos los pueblos. De ese modo, ustedes señalan la vocación universal de los bautizados a ser, con la fuerza del Espíritu Santo y el compromiso cotidiano, entre los pueblos, misioneros de esa inmensa esperanza que nos concede Jesús, el Señor», agrega.

Citando la bula Spes non confundit, Francisco invita a tener un «contacto personal» con el prójimo, poniendo especial atención «a los más pobres y débiles, a los enfermos, a los ancianos, a los excluidos de la sociedad materialista y consumista…», pues «serán ellos quienes nos enseñarán a vivir con esperanza. Y, a través del contacto personal, podremos transmitir el amor del Corazón compasivo del Señor».

Para ello, continúa el Papa, «es necesario renovar en nosotros la espiritualidad pascual, que vivimos en cada celebración eucarística y sobre todo en el Triduo Pascual, centro y culmen del año litúrgico». Porque, sentencia, al fin y al cabo «los misioneros de esperanza son hombres y mujeres de oración». «No olvidemos que rezar es la primera acción misionera y, al mismo tiempo, “la primera fuerza de la esperanza”», concluye.

Por último, Francisco destaca que la evangelización es un «proceso comunitario», que «no termina con el primer anuncio y el Bautismo, sino que continúa con la construcción de las comunidades cristianas a través del acompañamiento de cada bautizado por el camino del Evangelio. En la sociedad moderna, la pertenencia a la Iglesia no es nunca una realidad adquirida de una vez por todas. Por eso, la acción misionera de transmitir y formar una fe madura en Cristo es “el paradigma de toda obra de la Iglesia”».

En este sentido, insiste «sobre esta sinodalidad misionera de la Iglesia, como también sobre el servicio de las Obras Misionales Pontificias en promover la responsabilidad misionera de los bautizados y sostener a las nuevas Iglesias particulares. Y los exhorto a todos ustedes —niños, jóvenes, adultos, ancianos—, a participar activamente en la común misión evangelizadora con el testimonio de sus vidas y con la oración, con sus sacrificios y su generosidad».

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