El sacerdote extremeño es desde el 16 de septiembre consejero del Dicasterio para la Evangelización para la pastoral de santuarios y peregrinaciones
Francisco Julián Romero Galván es desde el pasado 16 de septiembre consejero del Dicasterio para la Evangelización para las cuestiones de santuarios, un encargo que le sitúa en la coordinación de esta pastoral en toda la Iglesia universal junto a otra decena de personas. Llega al puesto después de dirigir el Secretariado del Jubileo 2025 de la Conferencia Episcopal y de formar parte del equipo que preparó la visita de León XIV a España el pasado junio. Habla con ECCLESIA de lo que Roma espera ahora de los santuarios españoles, y su diagnóstico es directo. El turismo y la política han ido vaciando de fe unos lugares que la Iglesia tiene que recuperar, y los santuarios son hoy «la primera ventana» por la que mucha gente herida se asoma a la fe. De ahí que reclame tomarse en serio una devoción que, sostiene, vale tanto como cualquier otra.
—Acaba de ser nombrado consejero del Dicasterio para la Evangelización para las cuestiones de los santuarios. ¿En qué consiste exactamente ese trabajo y qué le han pedido desde Roma?
El trabajo, la tarea, consiste fundamentalmente en trabajar junto con otras personas, creo que son diez más, en el Dicasterio de Evangelización, sobre las cuestiones de santuarios y de peregrinaciones a nivel de la Iglesia universal. Promover especialmente una pastoral que sea evangelizadora y que permita el encuentro con Jesucristo de aquellos que llegan, que se sientan acogidos, que traten o bien de iniciarse en la fe o bien de profundizar y vivir con mayor autenticidad su fe. Que los santuarios, y en concreto después también las peregrinaciones, sean espacios de encuentro real con el Señor, de espiritualidad, y que aquellos lugares sean hitos donde la gente pueda acudir para encontrarse con el Señor.
—El nombramiento se enmarca en el deseo de León XIV de impulsar la pastoral de los santuarios. ¿Qué cree que necesitan hoy los santuarios españoles para ser de verdad lugares de encuentro con Cristo y no solo destinos turísticos?
Quizás en la pastoral de la Iglesia de otros tiempos los santuarios y las peregrinaciones eran lugares muy especiales para el encuentro con el Señor, y eso se tenía suficientemente claro. Pero es verdad que el afán de turismo, y el que muchas cuestiones y políticos se hayan metido por medio, hace que se sigan promoviendo todo lo que son estas realidades espirituales, como son los santuarios y las peregrinaciones, pero quitándoles un poco el corazón de fe que tienen. Tenemos que recuperarlo y tenemos que hacer que nadie nos quite lo que es nuestro y la esencia de lo que es nuestro.
Yo entiendo que el Papa va en esta dirección. Él sabe que hay mucha gente dolida, que tiene heridas, que tiene problemas, dificultades, que va buscando, que tiene inquietudes, que desea hallar algo grande, que necesita tener un encuentro y un sentido en su vida. Y la primera ventana a la que acceden es quizás la piedad popular, y muy especialmente los santuarios.
Se trata de que nos lo tomemos en serio y que veamos que es una buena oportunidad para la evangelización, para el primer anuncio, para la consolidación de la fe, para escuchar a los que llegan y cómo llegan, y desde esa escucha ser capaces de dialogar, de animarles, de ayudarles y de orientarles para que sigan viviendo su propia fe, y derivarles también a su comunidad cristiana para que allí puedan desarrollar esa vida cristiana que en el fondo vienen buscando. Es buscar la belleza de Dios, la verdad de Dios, el camino de la vida, y todo eso está en Jesucristo. Por eso es tan importante que allí se encuentren con el Señor, para que desde ahí sean capaces de iluminar todo lo que son.
—La piedad popular sigue movilizando a mucha gente que quizá no pisa la parroquia el resto del año. ¿Cómo se acompaña esa fe sin banalizarla ni mirarla por encima del hombro?
—Yo creo que la piedad popular hay que tomársela muy en serio. Nosotros, desde la Conferencia Episcopal, llevamos mucho tiempo tomándonosla muy en serio, acercándonos a ella y procurando desde ella, sirviendo a la diócesis, tratando de que realmente se vaya recuperando su valor y su importancia, no por encima de ella, no despreciándola, como quizás en algún momento haya ocurrido, sino todo lo contrario, saber que es un espacio donde Dios se hace presente y ayuda a mucha gente.
Por lo tanto, es tiempo de tomárnoslo en serio y tratar de que allí se anuncie la palabra de Dios, se pueda celebrar la eucaristía, haya espacios para la escucha, para la oración, para el silencio, tratando de que todo eso pueda alimentarse a través de un anuncio explícito del carisma cristiano. Y lo mismo podemos decir de esas peregrinaciones que culminan en un santuario, ese camino interior que tiene que ocurrir a través de la peregrinación, que transforma la vida de uno y le lleva a mirar hacia arriba, hacia Dios, a alzar la mirada, como era el lema de la visita del Papa León.
Ahí tenemos, como decía anteriormente, un reto, y un reto importante, dentro de la Iglesia. Quizás en algún momento se ha visto la piedad popular como si fuera una espiritualidad de segunda categoría, pero yo creo que hoy es una espiritualidad de primera categoría, igual que las demás, y que hay que tratar de darle su valor y su importancia. Porque hay tanta gente que puede encontrarse y vivir su fe desde ella, que merece la pena que nos lo tomemos en serio y que hagamos formación adecuada, anuncio del Evangelio, catequesis y catecumenado para aquellos que necesitan hacer una iniciación cristiana, y otros que se sostengan a través de esas pequeñas comunidades que son las hermandades y cofradías, y que todo esté bajo la mirada de esa espiritualidad y de esa vivencia cristiana tan importante y necesaria que tiene que estar presente en todo lo que es la espiritualidad de la piedad popular
—Usted coordinó el Secretariado del Jubileo 2025 y participó en la preparación de la visita del Papa a España. ¿Qué aprendizaje de esos meses se lleva a este nuevo encargo?
—Un gran aprendizaje. Vivir el tiempo del jubileo para mí ha sido una gran gracia de Dios, porque me ha hecho conocer a nivel universal la vida de la Iglesia de una manera más profunda, y después, cuántas gracias y cuántos dones se hicieron presentes a través de las peregrinaciones a Roma, de tantos jubileos diferentes como se tuvieron a lo largo de todo el año jubilar.
Creo que fue una renovación quizá profunda y de la que muchas veces no tenemos aprecio, ni siquiera apreciación, dentro de nuestras coordenadas eclesiales. Y, sin embargo, yo creo que el jubileo XXV ha sido un gran hito, un tiempo de gracia y de importancia. Así lo he mirado, lo he vivido, y creo que en España así ha sido. Sabemos que fuimos la segunda nación del mundo en peregrinos hacia Roma. Pasamos por todos aquellos jubileos que las diferentes realidades pastorales enriquecieron y que vivieron esa renovación que supone siempre todo jubileo, que es la conversión del corazón y el hacer que las personas sean capaces de transformar su vida.
Por otra parte, la visita del Papa también me hizo descubrir la presencia de la Iglesia en España y toda esa riqueza, y cómo queríamos promover y animar a las diferentes diócesis para que se prepararan a la visita del Papa León y fueran receptivas. Tuvimos una buena experiencia de Iglesia, de tal manera que fueron muy significativos el entusiasmo y la aportación de tantas comunidades como se hicieron presentes en los diferentes lugares donde estuvo el Papa. Y estamos intentando que no quede solamente en aquello, sino que haya una continuidad. Ahora estamos preparando unos materiales y vamos a promover que se siga releyendo, estudiando y reflexionando, en las diferentes parroquias, en los diferentes grupos, en los diferentes movimientos, todo lo que nos dijo el Papa León en España.
Por lo tanto, todo eso me ha hecho descubrir que estamos en una Iglesia viva, y especialmente en la Iglesia de España, en la que muchas veces nos fijamos en una motita y, sin embargo, no somos capaces de ver toda la vida, la belleza que hay dentro de nuestras iglesias, de nuestra Iglesia española.






