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Infancia Misionera: la solidaridad que libera de las cadenas de la casta

Esta iniciativa mundial —España es el país que más aporta— ayuda a escapar de la esclavitud y los malos tratos a los niños de las familias dalits en India

En el sistema de castas de India, los dalits tienen la consideración de «parias intocables» para el resto de la población. En la región de Rayalaseema, al sur del país, estas personas —que arrastran una maldición de cuna, según la tradición hindú— son obligadas a vivir fuera de los pueblos, sin acceso a servicios básicos, como agua potable y saneamiento. Allí, sufren el maltrato diario de las clases superiores y son exprimidos en condiciones de auténtica esclavitud. 

Este es el testimonio que la Iglesia encuentra en el 95 % de las personas que acoge en la diócesis de Kurnool. «La mayoría de niños que acuden a nuestra escuela y, sobre todo, a nuestros internados son dalits, personas cuya existencia está sometida a condiciones miserables y bastante humillantes», explica el obispo Johannes Gorantla, carmelita descalzo. Por si todo ello fuera poco, la sequía se ha cronificado en la meseta del Decán. El clima es extremadamente caluroso —las temperaturas llegan a alcanzar los 48 grados— y la población sufre una grave falta de agua, incluido el abastecimiento para el consumo. La tierra es mayormente rocosa y pobre, además de estar concentrada en las manos de unos pocos terratenientes de castas superiores. 

En este entorno hostil, las estructuras sociales pueden llegar a imponer barreras de vida acaso más duras que las propias condiciones territoriales. La mayoría de la población trabaja como jornaleros, bajo condiciones que violan sistemáticamente los derechos humanos. Los niños dalits son acosados para dejar la escuela y enrolarse como mano de obra barata en los campos de cultivo. Y, cuando la amenaza violenta no logra doblegar su voluntad, la pobreza se encarga del resto, pues los pequeños se ven obligados a convertirse en una fuente adicional de ingresos para sus familias desde los diez años. La tasa de alfabetización en el distrito no engaña: es tan solo del 29 %. 

En este contexto, la Iglesia que peregrina en la India lleva décadas haciendo una labor inefable con los últimos de la sociedad. Actualmente, y con la urgencia de unas circunstancias extremas, la acción de monseñor Gorantla y de toda la diócesis de Kurnool se apoya de manera importante en una red de generosidad global como es la Infancia Misionera, cauce oficial de la Santa Sede para sostener el trabajo de la Iglesia con los niños en los 1.131 territorios de misión.

Fundada en 1843 por monseñor Forbin Janson, la Infancia Misionera es una iniciativa pionera en todo el mundo, surgida 80 años antes de la Declaración de los Derechos de los Niños de Ginebra. En nuestro país, esta jornada anual se celebrará el próximo 18 de enero, bajo el lema Tu vida, una misión. Bajo la premisa de que «los niños ayudan a los niños», España fue el país que más donativos aportó a los 13,8 millones de euros recogidos por el Fondo Universal de Solidaridad en 2025. Gracias a esta red, se sostienen cada año más de 2.600 proyectos sociales, de los que se benefician directamente más de cuatro millones de niños en los territorios de misión. 

Asia, donde se ubica Kurnool, recibió apoyo económico a 1.017 proyectos de ayuda el año pasado. Las principales partidas se concentraron en educación —un 55 % de los fondos empleados en la construcción de escuelas, becas o material escolar—; salud y protección de la vida —con un 25 % destinado a dar apoyo a orfanatos, hospitales y proteger a los niños de la violencia—; y evangelización —con un 20 % para catequesis y transmisión de la fe—. Algunas de estas partidas repercuten directamente sobre Kurnool, en lo que la diócesis define como «una atención integral a los niños a través de la educación, el alojamiento y la orientación espiritual». 

Faro de esperanza

Con el apoyo de la Infancia Misionera, la Iglesia desempeña «un papel fundamental en la transformación de las vidas de los niños vulnerables» y «sirve como faro de esperanza para aquellos que han sido marginados o abandonados», reconoce el obispo. Por ello, manifiesta monseñor Gorantla, «estamos profundamente agradecidos por el apoyo de OMP España y de todos sus benefactores, que hacen posible esta misión».

Los orfanatos e internados —entre los que destacan el St. Joseph’s Girls Boarding, que atiende a 130 niñas, y el St. Antony’s en Adoni, que acoge a 186 menores—, tejen una verdadera red de santuarios seguros para los más pequeños, proporcionándoles comidas nutritivas, ropa digna y atención médica, reafirmando así el compromiso de la diócesis como hospital de campaña: «Ser un pilar de apoyo para los más vulnerables». «La educación —señala el obispo— está en el centro de la misión de la Iglesia, pues la reconocemos y potenciamos como la clave para romper el ciclo de la pobreza y empoderar a los niños para que construyan vidas independientes». En estos internados, los niños, en su mayoría dalits, han cambiado la ausencia de oportunidades educativas por una formación académica y espiritual de nivel. Además, el sistema de apoyo al desarrollo de la persona basado en la fe sigue demostrándose crucial para ayudar a los niños a «navegar los desafíos de la vida con coraje y optimismo».

Monseñor Johannes Gorantla se mantiene firme en su misión de «elevar a los niños más vulnerables y proporcionarles oportunidades para llevar una vida digna y con propósito». El trabajo conjunto de niños y adultos solidarios en la fe de todo el mundo, canalizado a través de Infancia Misionera, sigue haciendo posible esta utopía. Como reconoce el propio obispo de Kurnool, «juntos, podemos seguir siendo instrumentos del amor de Dios, llevando esperanza y alegría a las vidas de todos los niños necesitados». 

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