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El padre César Caro durante un bautismo.

Infancia Misionera en San José del Amazonas: evangelizar en el círculo de la pobreza


El sacerdote César Caro Puértolas lleva ocho años como misionero en plena selva peruana. Explica a ECCLESIA la importancia de la Infancia Misionera para responder a las necesidades de la población

En el vicariato apostólico de San José del Amazonas, en la selva peruana, hay una población de 150.000 personas para una extensión equivalente a la suma de los territorios de Andalucía, Galicia y Extremadura. Un cuarto pertenece a pueblos indígenas —nueve en total—, cada uno con su identidad, cultura y lengua. Si, además, consideramos que la mitad de los habitantes son menores de 18 años, podremos hacernos una idea de lo importante que es la Jornada de Infancia Misionera para la región. Lo cuenta para ECCLESIA César Caro Puértolas, sacerdote de la archidiócesis de Mérida-Badajoz, que lleva ocho años como misionero en este destino: «Somos aún una Iglesia en formación. Aquí estamos 66 misioneros distribuidos en dieciséis puestos de misión. Con ochenta años de existencia, todavía no somos diócesis porque no se dan las condiciones mínimas: no hay suficientes católicos ni sacerdotes ni religiosos y religiosas, ni tampoco, por supuesto, un sostenimiento autónomo. Económicamente, dependemos de Iglesias de fuera, del Domund e Infancia Misionera, de Propaganda Fide y de otras muchas entidades sin las cuales no podríamos subsistir».

Este año 2025, la Jornada de Infancia Misionera —una red internacional de niños que se forman en la misión y aportan su generosidad para ayudar al Papa y a los misioneros en su trabajo con la infancia en los 1.127 territorios de misión— se celebrará el 19 de enero, bajo el lema Comparto lo que tengo

Nacido en Mérida, César Caro dio el salto como cura rural del sur de Badajoz a la diócesis de Chachapoyas, de donde pasó a San José del Amazonas en 2017. «Tenemos muchos problemas sociales», reconoce. «La educación y los servicios sanitarios son muy deficientes, y luego hay graves dificultades ambientales con las economías ilegales que degradan mucho el medio ambiente: la minería ilegal, la tala de árboles, etc. Sin olvidar, por supuesto, el narcotráfico, que está muy presente, con todo lo que conlleva, especialmente la trata de personas. Es un territorio muy conflictivo por ser muy estratégico dentro de la Amazonía en general, y del Perú en particular», detalla.

Buena parte de su trabajo como misionero está enfocado hacia los niños y jóvenes. «Una cuestión fundamental es la inseguridad alimentaria. Tenemos dos internados, cuatro colegios en convenio y varios programas de ayuda a la alimentación equilibrada, porque a veces no es tanto que los niños no coman, sino que tomen alimentos que sean buenos para su salud», explica. 

Otro de los retos permanentes en el vicariato apostólico es evitar que los más pequeños caigan en el círculo de la pobreza: «Si los niños ya no comen adecuadamente, entonces no pueden aprender a leer y escribir de manera correcta. Los que pretenden acceder a estudios superiores están ya desde ahí en desventaja respecto a los niños de la ciudad, por lo que alumnos que pueden ser brillantes se ven abocados a quedarse en sus comunidades, a dedicarse a la pesca, rápidamente se ponen a tener hijos y comienza de nuevo el círculo», prosigue.

Debido a ello, la Iglesia local ha desarrollado diversos programas de atención a la salud de los más pequeños, además de un sistema de becas y ayudas al estudio, con atención especial a las carreras técnicas superiores. «Sin ellos —reconoce Caro—, muchos no podrían llegar a estos niveles». 

En los últimos cinco años, Infancia Misionera ha destinado 184.500 dólares (casi 178.000 euros) a asistencia sanitaria —en no pocas ocasiones, urgente y en aldeas remotas—, alimentación —para niños en situación de extrema pobreza—, educación, acogida en internados y acompañamiento espiritual. 

Proyectos por todo el mundo

En 2023, la Obra Pontificia Infancia Misionera apoyó y sostuvo 2.710 proyectos en todo el mundo como los que César Caro nos detalla sobre el terreno de la Amazonía peruana. En total, se destinaron casi 16 millones de dólares (más de 15 millones de euros), de los que 10 millones (9,6 en euros) fueron a parar a África (62,72 % del total), 5 a Asia (33,41 %) y el resto se repartieron entre América (2,16 %), Oceanía (1,24 %) y Europa (0,47 %). Casi la mitad (44,14 %) se dedicó a proyectos educativos, mientras que el 22,8 % fue a parar a salud y vida, el 16,3 % a evangelización y el 16,76 % a la pastoral ordinaria de las diócesis con los niños, así como a la promoción de Infancia Misionera.

Además, en el recientemente finalizado 2024, España fue el país que más dinero aportó al Fondo Universal de Solidaridad de Infancia Misionera. Gracias a los 2,7 millones de euros donados por los españoles, se pudo atender a más de 700.000 niños a través de 470 proyectos en 36 países. 

Además de educación y sanidad, explica César Caro, «tenemos también un sinfín de actividades evangelizadoras y de formación en las comunidades, especialmente cuando los misioneros realizamos nuestra visita pastoral». Porque, subraya, los misioneros «tratamos de acompañar a nuestro pueblo en sus luchas, intentamos ayudarlos lo más que podemos y todo ello, por supuesto, sin dejar de evangelizar en estricto sentido, pues proclamamos la Palabra de Dios».

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