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Instituto de ciencias religiosas: Para formarse en esperanza

En poco más de dos meses, comenzará en Roma el Jubileo que conmemorará los 2.025 años de la Encarnación de Nuestro Salvador y Redentor Jesucristo. A este gran evento hemos sido convocados por el Papa Francisco bajo el lema «Peregrinos de esperanza», un lema que nos evoca esta gran virtud teologal que la Iglesia ha recibido como don y de la que los cristianos somos portadores.

A menudo vemos cómo alrededor nuestro crecen situaciones de grave desesperanza: avance de la cultura de la muerte donde la única salida que se ofrece es acabar con un ser vivo, falta de ilusión en quienes tienen todas las energías para conseguir sus objetivos, incremento alarmante del número de suicidios en los más jóvenes…ante estas situaciones me pregunto, ¿qué hacemos como Iglesia? ¿Acaso estaremos fallando en algo? ¿Qué ocurre para que la esperanza cristiana no cale en medio de nuestra sociedad y se revierta este ritmo que lleva a su autodestrucción? ¿Sólo nos queda la oscuridad?

Me viene a la memoria aquellas palabras de la primera carta de san Pedro «dar razón de vuestra esperanza». Y quizás aquí tengamos un gran reto: dar razón de nuestra esperanza. No sirve únicamente apelar al testimonio o la experiencia individual de nuestro encuentro con el Señor, o reducir la fe a algo meramente subjetivo o sentimental. Tenemos que dar razón de nuestra esperanza, esto es, debemos formarnos bien en la fe. Observo cómo muchas veces vuelven a aparecer fantasmas que pensábamos ya habían pasado: oposición ciencia y fe, cientificismo exacerbado, supersticiones que se van incrementando… todo esto denota falta de formación en el pueblo cristiano. No basta quedarnos sólo en la experiencia de la fe, sino que debemos dar razón de la misma.

Por este motivo, y al inicio de un nuevo curso, animo a todo el pueblo cristiano de nuestra archidiócesis, a que no se quede quieto ante este reto, y cuide su formación. Como sabéis nuestra archidiócesis cuenta con dos sedes del Instituto Superior de Ciencias Religiosas «Santa María», en Toledo y Talavera de la Reina, donde con un claustro de profesores altamente cualificado, se profundiza en cuestiones que dan razón de nuestra esperanza. Debemos vivir nuestra formación como un reto misionero, formarnos bien para saber revertir esta cultura de desesperanza. Si el Santo Padre nos invita a ser «peregrinos de esperanza», tengamos el valor de tomar este reto, de armar lío y dar razón de nuestra esperanza.

Durante este verano tuve la suerte de acompañar a nuestros jóvenes universitarios en el segundo campus de verano que organizó la Delegación de Pastoral Universitaria. En él pude comprobar y experimentar cómo ellos tienen ese deseo interior de formarse, de saber dar respuesta a otros jóvenes sobre cuestiones o dudas de fe. ¡Qué gran ejemplo nos dan! ¡Qué esperanza suscitan! Ojalá como ellos, todos asumamos como un reto nuestra formación y acudamos a formarnos. ¡Cuánto me alegraría que en cada parroquia de nuestra archidiócesis al menos un fiel acudiera a formarse en nuestro Instituto de Ciencias Religiosas!

Con esa luz empezaría a revertirse la oscuridad y viviríamos como auténticos peregrinos de esperanza. Os animo a ello con el corazón de padre y pastor. Nuestra archidiócesis hace esta gran apuesta por nuestros centros formativos, no la desaprovechéis.

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