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Javier de Cendra: «La Academia de Líderes Católicos acoge a jóvenes con la misión y motivación de combatir la crisis espiritual de Europa»

El decano de la Facultad de Derecho, Empresa y Gobierno de la Universidad Francisco de Vitoria es director de esta entidad en España, que organiza su primera Escuela de Verano a nivel europeo del 7 al 13 de julio en Aranda de Duero

Javier de Cendra, decano de la Facultad de Derecho, Empresa y Gobierno de la Universidad Francisco de Vitoria, es, asimismo, miembro de los consejos europeoe internacional de la Academia de Líderes Católicos y dirige la rama española de esta institución. Durante el presente mes de julio, la Academia Europea de Líderes Católicos celebrará su primera Escuela de Verano en el Monasterio de la Vid, en Aranda de Duero, donde, bajo el título Pour L’Europe, se abordarán las principales problemáticas del Viejo Continente entre los días 7 y 13 de julio. Charlamos con él sobre el evento y las perspectivas de esta asociación en nuestro paíss.

Entre las personalidades que participarán en los encuentros figuran monseñor Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española; Carlos Osoro, arzobispo emérito de Madrid; Rocco Buttiglione, presidente de la Academia Internacional de Líderes Católicos; monseñor Américo Aguiar, obispo de Setúbal y organizador de la JMJ de Lisboa; Rodrigo Guerra, secretario del Consejo Pontificio para América Latina; Flaminia Giovanelli, ex Subsecretaria del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, o la que fuera senadora italiana Paola Binetti.

¿En qué consiste esta primera edición de la Escuela de Verano para líderes católicos?
La Escuela de Verano es un programa de una semana de duración, que vamos a hacer por primera del 7 al 13 de julio. Se trata de un espacio en el que 40 alumnos de entre 20 y 35 años van a estar explorando junto a expertos de mucho prestigio varias dimensiones del proyecto europeo, ya sea en su dimensión política, religiosa, social, cultural o jurídica. Van a mirar el pasado, presente y futuro de dicho proyecto y van a estudiarlo en comunidad para entender cuáles son sus principales avances y retos.

¿Cómo detectaron esta necesidad entre los jóvenes?
La Escuela de Verano es la forma de responder, una a una, las inquietudes que tienen todos, alimentando de paso esa vocación que traen de contribuir al proyecto europeo. Es un esfuerzo de varias instituciones para tratar de identificar y acoger a jóvenes líderes con la misión y motivación de contribuir a que Europa pueda salir de una situación que, entendemos, tiene una matriz espiritual, aparte de otras muchas dimensiones. Pero hay que entenderlas todas de manera integral. Esta primera edición quiere abrir un espacio de amistad para hacer diagnóstico y ver qué pasos concretos se pueden dar para ir ayudando al proyecto europeo a desplegar su potencial.

¿Cuáles son esas instituciones?
Contamos con el apoyo de varias instituciones que han creído en nuestra propuesta, como, por ejemplo, la Comisión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea —COMECE—, la Federación Internacional de Universidades Católicas, la Fundación Konrad Adenauer, la Fundación Nemesio Diez, o la Escuela de Gobierno y Liderazgo Isabel la Católica, que apoya con toda la gestión pero también con profesores. Se trata de un esfuerzo colectivo liderado por la Academia de Líderes Católicos en Europa. Debemos estar agradecidos a la generosidad de mucha gente, porque nosotros simplemente nos consideramos como unos meros habilitadores o posibilitadores de esta inquietud.

¿En qué medida va a afectar a su encuentro veraniego el terremoto que está sacudiendo Francia?
Nuestro enfoque no está pegado necesariamente a la realidad, sino orientado a formar líderes con una metodología integral en la que, primero, pretendemos generar un espacio de confianza y amistad. Y ya luego, hacer un análisis potente del proyecto desde las raíces hasta los frutos. En ese proceso, queremos también ayudar a que los alumnos puedan reforzar sus competencias, sus habilidades de liderazgo y puedan desarrollar su compromiso vital con el bien común. La forma en la que hacemos esto es integrando cada día sesiones de análisis con presentaciones de expertos de mucho prestigio y rondas de conversaciones con los alumnos. Además, con espacios en los que los propios alumnos preparan temas y los presentan, debates, actividades culturales… y todo dentro de una vida de fe. Por tanto, los retos concretos de ahora salen, pero no son el objeto, porque estamos, de alguna manera, en algo previo: dar la capacidad de analizar toda esa realidad de manera muy rigurosa. Esto es lo que a veces echamos en falta, porque todos estamos muchas veces demasiado pegados a la realidad. Queremos salir de esa superficialidad para que luego esos líderes, ya con un marco conceptual y una formación fuerte en virtudes, puedan ya sí entrar en los temas concretos del día a día a los que se dedica la política. En el mundo de la empresa, hablaríamos de aprender a gestionar la realidad.

¿Cuáles son sus expectativas para esta primera edición?
Al ser la primera, teníamos más preguntas que respuestas. Nuestra expectativa era relativamente modesta: intentar verificar que la Academia de Líderes Católicos pueda encontrar un camino para atraer a líderes de toda Europa, tanto como alumnos como en el papel de ponentes. Y todo ello con una cantidad de personas que permitiera generar una comunidad. Queríamos tener alumnos de varios países de Europa, y también de distintas sensibilidades culturales, políticas y niveles socioeconómicos. Pero todos ellos con una vinculación con Europa y con un compromiso fuerte con su fe. Esto lo hemos cumplido. La otra expectativa era no ir solos, sino seguir acompañados de otras instituciones que tengan presencia en Europa, y también lo hemos logrado. Y, la tercera, era contar con unos profesores potentes, además de garantizar que nadie se quedara sin asistir por falta de recursos económicos, por lo que está muy financiado. Realmente, las que teníamos, no siendo muy ambiciosas pero sí muy importantes, las hemos conseguido.

¿Cómo surgió la posibilidad de implantar la Academia de Líderes Católicos en España?
Yo conocí el proyecto en el año 2022, en la Universidad Católica de Washington, con un seminario cuyo título me llamó la atención: Por el Bien Común. Desde ahí descubrí la Academia Latinoamericana de Líderes Católicos, fundada en 2006 y que se había ido extendiendo por toda Latinoamérica con una misión y un carisma muy claros: promover la formación y el acompañamiento de líderes comprometidos con su fe y el bien común, abiertos al diálogo en sociedad con todos para tratar de encontrar salidas a muchos problemas a los que se enfrentaba América  en la primera década los 2000, justo en la época previa a la crisis, con revueltas en muchos países, etc. Esta iniciativa, que germinó modestamente, está ahora en 50 diócesis, en casi todos los países de América y ha entrado en Estados Unidos. De alguna manera comprendí que el siguiente paso tenían que ser Europa y España. Entonces, planteé al Consejo Internacional de Academia dar el salto y me contaron que se acababa de votar en contra, que el foco debía ser Latinoamérica y, en todo caso, América del Norte, pero que Europa quedaba muy lejos. Sin embargo, esta idea cambió en muy poco tiempo, bajo la premisa de que la conexión transatlántica era esencial y tenía que pasar por España, una iluminación que de alguna manera conquistó las mentes y los corazones de todos. Se entendió que la Academia tenía que dar ese salto y en 2023 la organizamos ya en España, donde había tenido una mínima presencia, con el encuentro de políticos en Madrid acogido por el cardenal Osoro. Había ya algunas personas en España que conocían la Academia; lo que hicimos fue reactivarlo y darle un poco más de alcance.

¿Y cuáles han sido sus primeros proyectos?
En 2023 tuvimos dos programas, además de un desayuno de trabajo con políticos de varios partidos. Luego tuvimos un programa para jóvenes sobre el liderazgo político con 40 alumnos y que funcionó muy bien. En otoño, organizamos un programa para jóvenes empresarios y emprendedores. Luego, hemos presentado la Academia en alguna diócesis española, en concreto, en Toledo, donde se va a crear la escuela de líderes católicos de Toledo, con la colaboración de la archidiócesis.

¿Se han encontrado con resistencias en una sociedad muy secularizada y que no quiere oír hablar de fe en los espacios públicos?
El planteamiento de la Academia es claro: es una institución no universitaria, pero colabora con una o varias universidades, y con la Iglesia. Se vincula a la Iglesia y al ámbito académico, y los títulos que reciben los alumnos después de cursar los programas son títulos universitarios. Esto nos permite presentarnos como una institución académica, que en España ha sido acogida ya por la Universidad Francisco Vitoria. La Academia no tiene interés en el trajín político, no es una plataforma política ni nunca se va a vincular a ningún partido político. Lo que hace es formar a aquellos que quieran, bajo la metodología de trabajar el corazón, la cabeza, las manos, las habilidades y competencias, promover el bien común desde la luz que da el Magisterio. Entendemos que la propuesta que hace el cristianismo es universal porque habla a cada persona y que, por definición, está abierta al diálogo con todos. Y establece, además, un diálogo auténtico, respetuoso, constructivo y acogedor. Esto hace que, cuando a alguien al principio se le pudiera encender una luz de alerta por el nombre de nuestra institución, vea que no se pretende más que animar a aquellos que hayan sentido una vocación al bien común. Las actividades de la Academia tienen mucho rigor universitario y una dimensión comunitaria de búsqueda de la amistad muy fuerte. Por supuesto, recibe a personas no católicas y se abre al diálogo con todos. Fiel a la propia Doctrina Social de Iglesia, no se identifica con propuestas políticas concretas, sino que genera unas condiciones de posibilidad para que las personas comprometidas con el bien puedan beber de ahí. Intentamos promover la certeza de que, cuando se estudian el pensamiento social católico y la doctrina social, se encuentran muchas luces para luego plantear diálogos que lleven a soluciones constructivas. La Academia es muy fiel a la Iglesia, a Pedro, y a la idea de pluralidad y pluralismo, como se puede ver en el diseño de los programas. Y luego, es muy popular en el sentido de que, como servicio, entendemos que debe ser accesible a aquellos que no tienen medios para pagar.

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