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Jesús Vidal, obispo de Segovia: «La sed de Dios no ha desaparecido, es una oportunidad para evangelizar»

—Hasta hace pocos meses era obispo auxiliar de Madrid, una diócesis muy diferente a la de Segovia, ¿en qué lo ha notado más?
—La diferencia más evidente es el tamaño. Segovia es una diócesis mucho más pequeña y eso permite una gran cercanía tanto a los sacerdotes, como a los fieles, en la vida consagrada… El poder conocerles mucho más de cerca, el obispo se hace presente de una forma mucho más sencilla y esto, facilita mucho la misión del obispo. La cercanía es algo que la gente requiere mucho, cuando les pregunto que qué esperan del obispo, una de las primeras cosas que me dicen es cercanía y eso en Madrid es más difícil, en Segovia es mucho más sencillo.

—¿Cómo afronta el cambio?
—Con mucha alegría, con mucha esperanza de poder llevar el Evangelio a todos. Al final, la misión de la Iglesia es una misión, podríamos decir en el fondo sencilla porque es dar testimonio de Jesucristo. De nosotros no depende que la gente acoja este testimonio o no, pero dar testimonio de Jesucristo es lo que está en nuestras manos. Por lo tanto, pues estar en viva relación con él y llevarle a los demás y que sea él, con el soplo del Espíritu Santo, el que siga construyendo la Iglesia. Con las dificultades que pueda tener una diócesis como Segovia, sobre todo, la despoblación en la zona norte de la provincia, las circunstancias en una pequeña ciudad en torno a Segovia y a las ciudades dormitorio. Pero en todo esto poder llevar el Evangelio y que el Espíritu Santo nos vaya mostrando cómo desarrollar la vida de la Iglesia para que el Evangelio siga llegando a todos.

—¿Cuáles van a ser sus prioridades?
—Yo creo que una primera prioridad es el cuidado de los sacerdotes. Los sacerdotes son los principales colaboradores del obispo y estar cercano a ellos, contar con ellos, escucharles, que formemos el obispo con el presbiterio un verdadero cuerpo que luego se extienda a toda la Iglesia, a la vida consagrada, a los laicos, a las parroquias a los movimientos para formar la comunión. De tal manera que, en línea con lo que el Sínodo nos está mostrando, que podamos crecer en participación para la misión, para que todos seamos conscientes de que todos los bautizados formamos parte de la Iglesia y estamos llamados a evangelizar.

—¿Qué retos ha identificado y qué oportunidades de evangelización? 
—Como retos, el primero, como digo, es la despoblación y la falta de sacerdotes jóvenes, lo que hace que en un futuro próximo la diócesis tenga que reconfigurar un poco la presencia que los sacerdotes tienen en las comunidades, porque al haber pocos sacerdotes jóvenes, en un futuro próximo, la disminución del clero será grande. Esto hace, por un lado, la promoción de las vocaciones sacerdotales, es decir, seguir trabajando, porque el Señor sigue llamando y por lo tanto, pues disponer en el trabajo con los jóvenes, con las familias, en todo el camino que estamos haciendo en el Congreso sobre vocaciones para que la gente perciba la necesidad de vivir la vida como vocación.

Por tanto, estar abierto a que el Señor llame al matrimonio, a la vida consagrada y también al sacerdocio. El Señor llama al sacerdocio y hay que disponerse para escuchar. Y luego también, adecuarnos a esa situación con la participación de todos para que no baje la tensión misionera, de tal manera que tanto en las zonas más rurales de la diócesis como en las zonas más urbanas, la tensión misionera siga viva.

Por eso, como decía, creo que las oportunidades de evangelización están en la sed que la gente sigue teniendo de Dios. Esto está ahí, y cuando tocas debajo de la vida, en la que parece que podemos vivir sin Dios, en el fondo, el hombre sí que necesita a Dios, la sed de Dios no desaparece. Por lo tanto, saber tocar el corazón y contar con tantos laicos y vida consagrada que hay en la diócesis y que tienen que participar en este impulso misionero.

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