El hasta ahora rector del Seminario Conciliar de Madrid subraya que una de las tareas prioritarias en la archidiócesis es la evangelización
Junto a Vicente Martín Muñoz, el otro obispo auxiliar de Madrid es José Antonio Álvarez, que, una vez ordenado, se convertirá en el prelado más joven de España. Nació en Madrid el 2 de agosto de 1975, estudió Teología en la Universidad Eclesiástica San Dámaso y es máster en Discernimiento Vocacional y Acompañamiento Espiritual en la Universidad Pontificia Comillas. Ocupó diversos servicios pastorales en la archidiócesis, aunque en la que ha estado más tiempo es en la formación de los futuros sacerdotes.
Pero vayamos más atrás. Su vocación se cocinó a fuego lento en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción en Madrid, aunque con algún hito importante y doloroso: la muerte de su madrina, que lo llevó a vivir la fe de una manera más profunda. «Fue un primer tambalearse, pero el Señor me permitió, gracias a la amistad con algunos de los jóvenes de la parroquia, a no desesperar y a confiar en que la muerte no tiene la última palabra sobre la vida de los hombres. Y con esto, a vivir una relación más afectiva con Jesucristo», agrega.
Y en este contexto, empieza a surgir la vocación sacerdotal y, aunque hubo resistencias, aceptó. «Comprendí que la vida solo tiene sentido si se cumple la voluntad de Dios», subraya en conversación con ECCLESIA.
Fue al año y medio de su ordenación sacerdotal, cuando su vida gira desde la parroquia y la capellanía en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid al seminario. El arzobispo de entonces, el cardenal Antonio María Rouco Varela, le propone ir al seminario menor. De primeras, Álvarez no lo ve, aunque el purpurado lo invita a rezarlo. Aceptó y, de ahí, años después, pasó al seminario conciliar, donde ha sido formador, director espiritual y rector.
En tiempos de reforma para los seminarios, ve en la providencia de su nombramiento un indicador de «una necesaria atención a la formación sacerdotal, un tema que preocupa a la Iglesia en general y que se muestra en la acogida del Papa a los seminarios en los últimos tiempos».
Pero la del seminario no ha sido su única tarea, pues también ha servido como director espiritual en Cursillos de Cristiandad, movimiento en el que compartió experiencia con el impulsor, Sebastián Gayá. «Es un instrumento de evangelización en el momento presente muy necesario», dice. También sirvió en Manos Unidas, donde era el viceconsiliario nacional.
En su opinión, «una tarea prioritaria de este tiempo para la diócesis es la evangelización», es decir, «tomar conciencia de la vocación bautismal y que estamos llamados a la misión, y crear comunidades que manifiesten esta fraternidad y la comunión con Jesucristo, que hace posible una Iglesia diocesana, unida al obispo y en unión con el resto».








