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El hermano Jarén

José María Méndez, Jarén, dejó la pintura para entrar en un monasterio: «Mi nuevo trabajo es rezar»

Al ver el documental Libres, la llamada a entregarse a Dios que había recibido años atrás se reactivó. Pronto entra en el Monasterio de Santa María de las Escalonias en Hornachuelos (Córdoba)

Todos los progresos y el brillo de la sociedad es capaz de distraer, a veces, toda la vida. No la llena, pero la distrae». Esta frase que pronuncia un monje en el documental Libres despertó en el pintor sevillano José María Méndez la llamada a entregarse a Dios que había quedado adormecida por las circunstancias de la vida. Él no quería ser uno de esos distraídos y dio una respuesta a Dios positivamente. Así que a sus 53 años se convertirá en el hermano Jarén, nombre que toma de la firma de sus obras de arte, en el Monasterio de las Escalonias, cisterciense, en Hornachuelos (Córdoba). Allí mismo, curiosamente, había estado 27 años antes para alejarse de la Feria de Sevilla y trabajar en silencio y paz.

La inquietud la tuvo desde pequeño. Una tía suya, que era hermana de la Cruz, rezaba para que fuera sacerdote. Dice hoy que es indigno, que prefiere ser como san Martín de Porres para rezar y barrer el convento. Pero la vida lo llevó por distintos caminos.

Estudió arte y vivió muy de cerca el asesinato de su hermano en el famoso «crimen de la movida» en Sevilla, pero, sobre todo, el testimonio de perdón de sus padres. Así que, con todo este bagaje, José María estuvo el pasado julio una semana en la hospedería del Monasterio de las Escalonias y en agosto hizo el mes de experiencia monacal.

Después, los profesos de la comunidad —cinco de nueve miembros— votaron a favor de su ingreso. No pudo entrar inmediatamente porque tenía que terminar encargos y arreglar asuntos personales, pero ha ido manteniendo contacto periódicamente con el monasterio. Pronto lo hará. «Cuando estuve allí, vi que era mi casa. No dudé», reconoce sobre la experiencia monacal. Así que José María ya sabe que la vida de los monjes tiene sus horarios y que, en cierto modo, también vive pendiente del reloj y la campana, entre la oración y el trabajo, que es duro y exigente. Su labor principal es una lavandería y su mayor cliente, el Hospital de la Cruz Roja de Córdoba. Tarea de cada día y a contrarreloj. También tiene claro que pintará en el monasterio si Dios lo quiere y el prior lo autoriza, pero no es su prioridad. «Mi nuevo trabajo es rezar», añade.

Y concluye: «Dios me ha hecho libre ahora mismo para hacer lo que realmente quiera. Antes no lo era. Cuando uno está en manos de Dios y sin nada, solo dependiendo de su providencia, eres feliz». 

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