La CEE reafirma su compromiso arraigado en la fe y la conciencia social, que busca reconocer, proteger y promover a los más vulnerables
La Conferencia Episcopal Española, a través de su Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado, ha reafirmado el compromiso de la Iglesia con las personas con discapacidad, destacando la dignidad «ontológica de cada hombre y de cada mujer, creados a imagen y semejanza de Dios y redimidos en Cristo Jesús». Esta convicción subraya que «todo ser humano posee un valor único, que ha de ser reconocido, respetado, protegido y promovido en cualquier circunstancia en la que pueda encontrarse».
El documento resalta una creciente conciencia social sobre la dignidad humana, con una «sensibilidad especial hacia los más débiles». En este sentido, se expresa un «compromiso efectivo del cuidado hacia los más frágiles y los que experimentan una discapacidad que los hace especialmente vulnerables, pues reconocemos que, en nuestra realidad existencial, todos somos discapacitados y tenemos necesidad de los demás». El mensaje del papa Francisco resuena con fuerza: «¡nadie se salva solo!».
La reflexión cristiana aborda la fragilidad humana desde la perspectiva del «pecado original», que, según la Escritura, debilitó la naturaleza humana, sometiéndola «a la ignorancia, al sufrimiento, dominada por la muerte e inclinada al mal». Si bien en el Antiguo Testamento se asociaba la enfermedad al pecado, Jesús, como «signo de la presencia del Reino de Dios entre nosotros, curara toda dolencia al tiempo que perdonaba los pecados, ofreciendo una salvación integral capaz de restaurar a la humanidad herida por el pecado y sus consecuencias». El comunicado enfatiza que «solo desde esta perspectiva puede vincularse la enfermedad al pecado, en tanto que este afecta existencialmente a todo ser humano y abre nuestra vida al amor de Jesucristo, en quien somos sanados y salvados».
La Iglesia ha sido una «firme defensora a lo largo de la historia» de la «dignidad infinita e inalienable» de todas las personas, «antes incluso de que fuera reconocida por la Declaración Universal de los Derechos Humanos». Se reitera la llamada del papa Francisco a «reconocer en cada persona con discapacidad, incluso con discapacidades complejas y graves, una contribución singular al bien común a través de su biografía personal, sabiendo que la dignidad de cada persona no depende de la funcionalidad de sus cinco sentidos».
En la actualidad, la Iglesia materializa esta atención a través de centros educativos, parroquias y otros organismos eclesiales, promoviendo el acompañamiento a través del Área de atención a personas con discapacidad de la Conferencia Episcopal Española, en colaboración con diversas asociaciones religiosas y civiles.








