La Jornada Mundial reivindica que las condiciones laborales dignas son un «derecho irrenunciable, nunca un privilegio»
Mañana, 7 de octubre, las organizaciones que impulsan la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) se unen una vez más a millones de trabajadores de manera global para conmemorar la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. El mensaje central del manifiesto para este año 2025 es contundente: el trabajo digno es un derecho irrenunciable, nunca un privilegio.
A pesar de las décadas de reivindicación social, resulta «doloroso» constatar —esgrimen— que en pleno año 2025 sigue siendo necesario reclamar condiciones laborales dignas y fundamentales. Entre las peticiones principales de los organizadores se encuentran un salario justo, el respeto a los horarios y al descanso, entornos de trabajo seguros y saludables, y la igualdad de trato al trabajador, sin importar el género, origen o la situación administrativa de la persona. ITD sigue insistiendo en su llamamiento a la continuidad del diálogo entre todos los agentes implicados para alcanzar estas mejoras.
Coincidiendo con el Año Jubilar de la esperanza, el manifiesto de 2025 pone el foco en la situación «más sangrante» del mundo laboral: la de las personas trabajadoras migrantes. A este respecto, los promotores recuerdan que el trabajo generado hoy no siempre garantiza la inclusión de la persona. Grupos como jóvenes, mujeres, familias con menores a cargo y migrantes enfrentan riesgos crecientes de exclusión social y pobreza, incluso cuando están empleados. Esta injusticia lleva a las plataformas a recordar el llamamiento del papa Francisco a mantener viva una esperanza activa que no se resigna, sino que se organiza, denuncia y construye alternativas.
La ITD subraya la aportación económica vital del colectivo de trabajadores migrantes a España. Según datos del Banco Central Europeo, han sido responsables del 80 % del crecimiento económico de España en el último lustro. Aunque solo representan el 13,6 % del empleo total, protagonizan más del 40 % de los nuevos puestos de trabajo creados durante el último año.
A pesar de esta contribución esencial, el manifiesto denuncia que su aporte no se corresponde ni con su reconocimiento social ni con la calidad de su empleo, el cual está «marcado muchas veces por la precariedad».
Así las cosas, una de las reclamaciones más urgentes se centra en la parálisis legislativa. El manifiesto recuerda que el Congreso de los Diputados aprobó por mayoría absoluta la toma en consideración de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para una regularización extraordinaria el 9 de abril de 2024. Más de un año después, este proceso sigue paralizado, lo que condena a cientos de miles de personas a la invisibilidad y a la economía sumergida, mientras buscan sobrevivir con dignidad.
Para la ITD, toda persona que vive en el país, sea nacida aquí o no, tiene derecho al trabajo decente. Citando la encíclica Caritas in veritate, de Benedicto XVI, el manifiesto detalla que el trabajo digno debe expresar la dignidad de la persona, ser libremente elegido, contribuir al desarrollo comunitario, garantizar el respeto sin discriminación, permitir el sustento familiar, reconocer el derecho de organización y expresión, favorecer el equilibrio personal y espiritual, y asegurar condiciones justas en la jubilación. Por último, las organizaciones concluyen con una firme triple demanda: «Reclamamos justicia. Reclamamos humanidad. Reclamamos trabajo decente: Derecho, no privilegio».







