En este convento, además, se vende comida para llevar a diario, con un menú muy variado, que incluye comida asiática
Llegando la época de Navidad, son muchos los hogares que se llenan de dulces artesanos que nos hacen afianzarnos en nuestras tradiciones gastronómicas. Los lugares donde más se producen estos dulces son los conventos de clausura, donde las monjas elaboran miles de kilos de mazapanes, huesos de santo, roscos de anís o pastas variadas. En Granada, concretamente en el convento de las Carmelitas Calzadas, sor María Dolores atiende a ECCLESIA para contarnos cómo viven esta época del año.
Nos recibe entre cajas de dulces, indicando que «las pastas las hacemos todo el año y también los licores o las mermeladas, pero ahora mismos, nos centramos mucho en los dulces de Navidad». «Para el tema de la venta lo que hacemos es poner cajas surtidas, porque hay personas que se llevan más cantidad y tardan mucho en consumirlo. Sin embargo, en la caja de surtidos lo pueden probar todo», explica
Al ser cuestionada sobre cómo se organizan en el convento en estas fechas, expresa que «cambiamos un poco el horario del coro, es decir, lo ponemos más tarde, ya que si nos metemos en la cocina y en el obrador no podemos dejar el trabajo a medias, porque si no se nos pondrían malos los dulces. Por eso tenemos que organizarnos bien porque nuestras horas de coro tenemos que tenerlas todos los días», afirma con rotundidad.
«La Virgen pone sus manos antes que las nuestras»
Sobre la capacidad de producción, sor María Dolores cuenta que en la elaboración de los dulces participan siete hermanas. «Hay días que estamos tres en el obrador y cuatro de la cocina o viceversa. Esa es nuestra forma de organizarnos. En una mañana podemos hacer ocho kilos de manteca. El horno que tenemos es de nueve bandejas y dependemos de él. El truco para que estén tan buenos los dulces es que a la Virgen antes de salir del coro le decimos que ponga sus manos antes que las nuestras y la verdad es que salen muy buenos, pero gracias a nuestra madre».
Dulces, comidas para llevar y… ¡sushi!
Este convento tiene la particularidad de que no solo vende dulces, sino que también distribuye comidas diarias y, ojo, hasta sushi. «La idea surgió porque de junio a septiembre no se vende nada de dulce y nosotras teníamos que seguir pagando nuestras facturas. También hicimos una obra urgente para las visitas que venían: teníamos los suelos levantados. La comunidad contaba con un poco de dinero, pero se gastó. Entonces pensamos en lo que hacer, porque tenemos que seguir viviendo. Las hermanas filipinas que tenemos aquí propusieron hacer comidas asiáticas y la verdad es que hemos tenido suerte. No es que se venda como para tener mucho dinero, pero nos conformamos con ir pagando nuestras cosas, no queremos más», apuntilla.

Por último, comenta con entusiasmo que «en este tiempo tenemos la puerta del convento abierta entera, para que no tengan que llamar al timbre ni esperar. Una vez que pasan pueden acercarse hasta la reja y aquí pueden adquirir sus dulces navideños». Sor María Dolores finaliza la entrevista invitando a «todos los que quieran venir, ya saben que tienen las puertas abiertas para todos».








