El 27 y el 28 de agosto la Iglesia celebra, un día tras otro, a Santa Mónica y a su hijo San Agustín. El calendario no los ordena al azar, sino que pone a la madre en la víspera del hijo. Este año, además, la fiesta llega con un Papa agustino en la sede de Pedro y una consigna para la Orden, la de «compartir a San Agustín con el mundo».
Hay fechas que el santoral no coloca al azar. Cada 27 de agosto la Iglesia recuerda a Santa Mónica; cada 28, a su hijo, San Agustín. Madre e hijo, en días consecutivos, porque la historia de San Agustín —obispo de Hipona y uno de los grandes Padres y Doctores de la Iglesia— es inseparable de la de su madre, que rezó durante años por su conversión.
La conmemoración llega este año con un acento singular. Por primera vez en la historia, un hijo espiritual de San Agustín ocupa la cátedra de Pedro: el Papa León XIV, agustino, que en los últimos meses ha recurrido una y otra vez, como recuerda el Prior General de la Orden, al «profundo mar de sabiduría presente en los escritos y en la predicación de San Agustín para compartirla con la Iglesia universal».
Mónica, la madre de las lágrimas
Mónica nació hacia el año 331 en Tagaste, en el norte de África. Casada con Patricio, un pagano de carácter difícil, puso en su hijo primogénito una esperanza que tardaría décadas en cumplirse: Agustín fue un joven brillante e inquieto que vagó entre filosofías y credos, y a su madre le corresponde uno de los apelativos más conocidos de la tradición cristiana, el «hijo de tantas lágrimas». Aquella oración perseverante acompañó su larga conversión, que culminó con el bautismo en Milán, en el año 387. Poco después, camino de África, madre e hijo se detuvieron en Ostia, donde vivieron la conversación mística que Agustín recogería en las «Confesiones» —el «éxtasis de Ostia»—. Allí murió Mónica, a los 56 años. Por eso la liturgia sitúa su memoria en la víspera de la de su hijo.
Agustín, que «no nos pertenece exclusivamente»
Al día siguiente, la Iglesia celebra a quien Mónica tanto esperó. San Agustín (Tagaste, 354 – Hipona, 430) es uno de los Padres de la Iglesia y figura en la lista de sus Doctores. Orador, filósofo y teólogo, autor de «Las Confesiones» y «La Ciudad de Dios», sirvió a la Iglesia como sacerdote y obispo, y su pensamiento marcó de forma decisiva la tradición latina y la cultura occidental.
Esa universalidad es el corazón del mensaje que el Prior General, el P. Joseph L. Farrell, O.S.A., ha dirigido a la Orden con motivo de las fiestas. Farrell evoca la visita que el Papa hizo el pasado junio a la tumba de San Agustín, en la Basílica de San Pietro in Ciel d’Oro, en Pavía, donde León XIV les dejó una idea que el Prior General subraya: San Agustín «no nos pertenece exclusivamente a nosotros, sino que pertenece a toda la Iglesia». Lo que sí les pertenece, añadió, es «la responsabilidad de nuestra misión de compartir a San Agustín con el mundo».
«Compartir a San Agustín con el mundo»
De ahí la invitación central del mensaje a buscar «formas, tanto tradicionales como nuevas y creativas, de compartir a San Agustín con nuestros hermanos y hermanas en el mundo», arraigado en «la verdad, la unidad y el amor». Para explicarlo, Farrell acude a las palabras del propio santo sobre el Salmo 33: «No quiero engrandecer al Señor yo solo, no quiero amarlo yo solo, no quiero abrazarlo yo solo. […] Enciendan el amor en ustedes y griten, todos ustedes: ¡Proclamen conmigo la grandeza del Señor!».
Los agustinos hoy en España
Detrás de la efeméride hay una familia religiosa viva. En España, los agustinos se organizan en la Provincia de San Juan de Sahagún, nacida en 2019 de la unión de las cuatro provincias que existían en el país. La encabeza hoy el P. Domingo Amigo, O.S.A. Según la última estadística oficial, suman 338 religiosos de votos solemnes en España y Portugal y cerca de 200 en el resto de circunscripciones, con 45 jóvenes en formación. En el país mantienen 17 colegios, 31 parroquias y 7 templos de culto público.
El nuevo curso pastoral avanza bajo el lema «Dios te sueña mejor», tomado del Papa León XIV en su reciente viaje a España, y con un reto que la propia Provincia resume en la divisa del Pontífice, «In Illo uno unum» (En el Uno, somos uno): promover la unidad frente a «la división, la soledad y el individualismo». La misma herencia, en definitiva, que el santoral recuerda estos dos días de agosto.






