La nueva edición de Las Edades del Hombre, que se desarrolla en Zamora hasta primavera, propone con estos dos grandes artistas —entre otros muchos— recorrer el camino del sufrimiento hacia la resurrección
Que EsperanZa, la propuesta para la vigesimoctava edición de las Edades del Hombre, en Zamora, discurra entre otoño y primavera es una bonita metáfora de la propia exposición. Lejos de ser una sucesión de obras de arte o una exquisita selección de piezas, que lo es, se propone como un viaje, una experiencia, un relato que demuestra que el mal no tiene la última palabra. Que hay esperanza. Que el ocaso y la luz menguante del otoño acaban con el florecimiento y la claridad de la primavera. Pero es que la exposición, por si faltaban referencias, culminará su andadura en torno a la Semana Santa y la Pascua. En todo hay sufrimiento, pasión, pero todo acaba con la resurrección.
Algo parece intuirse al contemplar el cartel de la presente edición, protagonizado por una corona de espinas florecida, reflejo de la desesperanza y falta de sentido, de las injusticias, las guerras o los desastres medioambientales, como los incendios que afectaron a la provincia de Zamora este verano. Dolores, oscuridades, en los que hay espacio para que broten flores. «Una bella y delicada metáfora visual de cómo, incluso en la más profunda oscuridad, hay motivos para la esperanza», explican desde la organización. Una esperanza que, para los creyentes, tiene como fundamento la resurrección de Jesucristo, no exenta de sufrimientos y soledades, de preguntas y muerte. Porque la muerte precede a la resurrección y la fe pide paciencia. Espera, que es esperanza.
La exposición se desarrolla en dos sedes principales. Tres, si tenemos en cuenta el espacio educativo de la Iglesia del Carmen de San Isidoro. Se trata de la iglesia de San Cipriano, a 750 metros de la catedral, donde comienza el camino —es el Preludio— contemplando la cruz. Una cruz donde podemos estar cada uno de nosotros y todos los crucificados del mundo, y que es paso previo a la resurrección. Se ponen así, con otras obras de casi todas las diócesis de Castilla y León, las bases de lo que se va a vivir en el gran templo zamorano.
Allí conviven obras centenarias y contemporáneas, de diversos estilos, que muestran el dolor y la esperanza, la muerte y la resurrección, el miedo y la misión. Siempre como tránsito de uno a otro por la experiencia de Cristo. De hecho, el recorrido se plantea en tres Momentos, con tres movimientos en cada uno. Son Pasión, Resurrección y Misión.

Pasión
La Pasión arranca con una mirada a nuestro mundo, a la España rural, en Estampas del Campo Zamorano de Antonio Pedrero, pero también al vacío reflejado en la acuarela de Satur Vizán, que propone una vista nocturna y diurna de una ciudad y residuos; o la Angustia de Ele Poza, una obra de este mismo año, profundamente desgarradora.
Pero la Pasión también la sufren los que, llenos de sentido, padecen por Cristo. Es el segundo movimiento, una panorámica de la entrega. Desde Juan Bautista, con una obra de Juan de Juni, a san Sebastián, que muestran Zurbarán y Gregorio Español. Mención especial merecen las ocho santas mártires (Bárbara, Lucía, Apolonia, Margarita, Catalina, Cecilia, Águeda, Inés), esculturas de Gregorio Fernández y taller. Y no podía faltar la Pasión por excelencia, la de Jesús, visible gracias al Cristo de las Injurias de Diego de Siloe o al Cristo yacente de Gregorio Fernández.
Resurrección
El segundo Momento nos acerca a la Resurrección, al cielo que se abre, pero también al cielo en la tierra que son los sacramentos y a la llamada a la eternidad. Cristo vuelve a la vida de Venancio Blanco o el Resucitado de Juan de Montejo merecen un buen rato de contemplación en este tramo.
Misión
La última parte de la muestra, además de ser una llamada a la misión, una vez hemos descubierto que la muerte no tiene la última palabra, esconde las piezas que, seguramente, concentrarán estos meses casi todas las miradas. Y, en esta respuesta que se nos pide, en ese compromiso que asumir, la Virgen María es un modelo. Y, por eso, hay una sala dedicada solo a la Anunciación, con obras de Juan de Badajoz, El Greco y Picasso. Pero hay más ejemplos, los cuatro evangelistas de Pedro Berruguete; los Padres de la Iglesia, retratados por Francisco de Goya; los doctores de la Iglesia Occidental, de Esteban de Rueda; o ese Gran Profeta de Pablo Gargallo.
Nuestra experiencia y camino concluye con una referencia a la espera de la vida eterna y por eso aparece San Juan en Patmos y Cristo, Salvador del Mundo, de Pedro Berruguete, la Inmaculada de la Magdalena, de Diego de Velázquez, o el Cristo de la Paciencia de Nicolás Salzillo.
La muestra, que abre de martes a domingo, festivos incluidos, se completa con una experiencia de realidad virtual, donde los visitantes podrán situarse en diversos escenarios para vivir la destrucción y reconstrucción de una población.
La propuesta de Las Edades del Hombre para este curso refleja, explica Sergio Pérez, comisario científico, eso que decía Benedicto XVI: que la fe es esperanza. Y casa muy bien con la propuesta del papa Francisco para el Jubileo que todavía vivimos en la Iglesia. La necesidad de redescubrir la esperanza y no perderla. Es, en definitiva, el mensaje que le gustaría que cada visitante se llevara. Aunque también anhela que, en este recorrido por el arte, todos caigan en la cuenta del inmenso patrimonio de Castilla y León, complementado, cada vez con más frecuencia en estas exposiciones, con obras de otros lugares de España y de fuera del país.
El propósito, explicó Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de Las Edades del Hombre, es enlazar fe, esperanza y manera de vivir. Porque «la fe fundamenta y nos abre a la esperanza y tiene la capacidad de generar cultura». Y así, en ese coloquio de fe y esperanza con la razón, con el afecto y con la voluntad, se pueda crear un modo de vivir, de relacionarnos, de mirar alrededor, de abrazar y trabajar. De hecho, vinculó esta idea con el primer gran documento de León XIV, la exhortación apostólica Dilexi te. Pues del amor de Cristo «brota la posibilidad de una nueva cultura y la llamada a ser samaritanos con los hombres y mujeres de hoy».
Para el obispo de Zamora, EsperanZa es una respuesta a la vulnerabilidad de nuestras vidas y pueblos, impresa en el propio Cristo. Un pueblo que ha sufrido los estragos de los incendios o padece la despoblación y el abandono. «Es ahí donde los cristianos vemos la cruz de Cristo».
Un nuevo hito cultural que es, según el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, una «tarjeta de presentación de la inmensa riqueza cultural y patrimonial de nuestro país vinculado a la religión, al mensaje de Jesús».








