El Papa se ha dirigido hoy a los superiores y oficiales de la diplomacia romana, con un especial cariño y detenimiento en la figural del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano
León XIV se ha dirigido hoy a los superiores y oficiales de la Secretaría de Estado, en la Sala Clementina del Vaticano para expresarles su profunda gratitud por el «precioso servicio a la vida de la Iglesia» que, a su juicio, presta esta institución. El Santo Padre ha comenzado agradeciendo al secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, sus palabras introductorias, así como la «continua colaboración que me está ofreciendo mientras realizo los primeros pasos de este Pontificado». De este modo, ha querido recalcar la vital importancia del apoyo de la Secretaría, afirmando que el Papa no puede llevar adelante su misión solo: «Estoy muy contento de encontrarme con ustedes, que ofrecen un precioso servicio a la vida de la Iglesia ayudándome a sacar adelante la misión que me ha sido confiada». «Me consuela saber que no estoy solo y que comparto la responsabilidad de mi ministerio universal junto con ustedes», ha agregado.
Añadiendo un comentario que no estaba incluido en el texto preparado con anterioridad, León XIV ha reiterado que «en estas pocas semanas ―aún no se ha cumplido un mes de mi servicio en este ministerio petrino―, está claro que el Papa solo no puede ir adelante y que es necesario, es muy necesario, poder contar con la colaboración de muchos en la Santa Sede, pero de manera especial con todos ustedes, de la Secretaría de Estado. Se lo agradezco de corazón».
La historia de la Secretaría de Estado, cuyo inicio se remonta a finales del siglo XV, se ha ampliado considerablemente con el tiempo, asumiendo nuevas tareas a causa de las exigencias tanto eclesiales como en las relaciones internacionales. El Papa ha destacado la composición actual, señalando que «casi la mitad de ustedes son laicos» y que «las mujeres, laicas y religiosas, son más de 50», una gran comunidad que trabaja conjuntamente con el sucesor de Pedro.
Así las cosas, León XIV ha identificado dos dimensiones esenciales que deben expresar el trabajo de la Secretaría: la encarnación y la catolicidad. La encarnación implica estar insertos «en el tiempo y en la historia», siguiendo el camino humano elegido por Dios para que la alegría del Evangelio llegue a todos, adaptándose a las culturas y lenguajes actuales. La catolicidad, por su parte, significa mantener una «mirada católica, universal» que permita valorar las diversas culturas y sensibilidades, actuando como un centro que promueva la comunión entre la Iglesia de Roma, las Iglesias locales y las relaciones amistosas en la comunidad internacional.
En este sentido, el Santo Padre ha explicado que estas dos dimensiones se han vuelto más constitutivas del trabajo de la Curia en las últimas décadas, impulsadas por la reforma de san Pablo VI, quien percibió la urgencia de que la Iglesia estuviera atenta a los desafíos históricos y al «ritmo sumamente acelerado de la vida actual». Del mismo modo, también ha subrayado la necesidad de un servicio que expresara la catolicidad, llamando a colaboradores de «todas partes» del mundo. Mientras la encarnación lleva a lo concreto y particular, la universalidad exige un «trabajo de síntesis que pueda ayudar a la acción del Papa». Este vínculo de conjunción y de síntesis es, según León XIV, la propia Secretaría de Estado. Y citando a san Pablo VI, experto en la Curia, el Papa ha recordado que fue él quien dio a la Oficina una nueva estructura, constituyéndola como un punto de conexión y estableciendo su rol fundamental de coordinación de los Dicasterios y las Instituciones de la Sede Apostólica.
Este rol de coordinación se ha reafirmado en la reciente Constitución Apostólica Praedicate Evangelium, que confía múltiples tareas a la Sección para los Asuntos Generales. El Santo Padre ha reconocido que estas labores son «muy exigentes y, algunas veces, pueden ser incomprendidas». Por ello, ha querido expresar su cercanía y profunda gratitud por las competencias puestas al servicio de la Iglesia, por el trabajo «casi siempre escondido» y por el espíritu evangélico que lo inspira.
Y ha dirigido una exhortación, refiriéndose nuevamente a san Pablo VI: «Que este lugar no sea contaminado por las ambiciones y antagonismos; al contrario, sean una verdadera comunidad de fe y de caridad, “de hermanos y de hijos del Papa”, que se desviven generosamente por el bien de la Iglesia».
Finalmente, León XIV ha encomendado a todos a la intercesión de la Santísima Virgen María. Les ha agradecido sus oraciones diarias, impartiéndoles «de todo corazón» su bendición, tanto a los trabajadores como a sus seres queridos.








