En la audiencia general de este miércoles, el papa León XIV se ha acordado de los niños que sufren la guerra especialmente en Ucrania y Gaza
En la catequesis de este 10 de septiembre dedicada a la muerte de Jesús, el Papa ha recordado que Jesús muere con un grito. Un grito que «encierra todo: dolor, abandono, fe, ofrenda. No es solo la voz de un cuerpo que cede, sino la última señal de una vida que se entrega». Antes de gritar, Jesús hace un de las preguntas «más lacerantes que se pueden pronunciar», que es «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Este sufrimiento, ha insistido León, «no se trata de una crisis de fe, sino la última etapa de un amor que se entrega hasta el fondo. El grito de Jesús no es desesperación, sino sinceridad, verdad llevada al límite, confianza que resiste incluso cuando todo calla».
Y la creación, cuando se oscurece el cielo y el velo del templo se rasga, participa de ese dolor y al mismo tiempo revela algo nuevo: «Dios ya no habita detrás de un velo, su rostro es ahora plenamente visible en el Crucifijo. Es allí, en aquel hombre desgarrado, donde se manifiesta el amor más grande. Es allí, donde podemos reconocer a un Dios que no permanece distante, sino que atraviesa hasta el fondo nuestro dolor».
En el grito, ha reiterado el Santo Padre, hay «una esperanza que no se resigna. Se grita cuando se cree que alguien todavía puede escuchar. Se grita no por desesperación, sino por deseo. Jesús no gritó contra el Padre, sino hacia Él. Incluso en el silencio, estaba convencido de que el Padre estaba allí. Y así nos mostró que nuestra esperanza puede gritar, incluso cuando todo parece perdido».
En el viaje de la vida, ha añadido, «hay momentos en los que guardar todo dentro puede consumirnos lentamente. Jesús nos enseña a no tener miedo del grito, mientras sea sincero, humilde, orientado al Padre». Porque «un grito no es nunca inútil si nace del amor. Y nunca es ignorado si se entrega a Dios. Es una vía para no ceder al cinismo, para continuar creyendo que otro mundo es posible». Si nuestro grito es verdadero, «podrá ser el umbral de una nueva luz, de un nuevo nacimiento». «Como para Jesús -ha recordado León XIV-: cuando todo parece acabado, en realidad, la salvación estaba a punto de iniciar. Si se manifiesta con la confianza y la libertad de los hijos de Dios, la voz sufriente de nuestra humanidad, unida a la voz de Cristo, se puede convertir en fuente de esperanza para nosotros y para quien está a nuestro lado».
Durante los saludos a los asistentes a la audiencia general, el Papa ha pedido a los fieles que recen especialmente por los niños que sufren la guerra y ha invitado a los peregrinos procedentes de Tierra Santa a «transformar el grito de dolor en una oración dirigida a Dios».








