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León XIV entra en Barcelona con una llamada a la Iglesia a ser testigo de unidad, concordia y paz

Ha pedido que, siguiendo el ejemplo de la mártir santa Eulalia, copatrona de la archidiócesis, no tenga miedo a los sacrificios y las renuncias

El papa León XIV ha comenzado la segunda etapa de su viaje por España con una oración en la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia con una nueva llamada a la concordia y la unidad. A su llegada a la Ciudad Condal, el Pontífice ha sido recibido con cariño y gratitud por numerosos fieles; entre ellas, un grupo de Misioneras de la Caridad, de la Madre Teresa de Calcuta. En el templo barcelonés, asimismo, se encontraba una destacada representación de la diócesis, con la presencia del arzobispo emérito, monseñor Lluis Martínez Sistach, los canónigos, miembros de las distintas delegaciones de la diócesis y un grupo de voluntarios.

En una intervención que ha comenzado en catalán, ha reinado una petición que ya había hecho a los obispos españoles en la sede de la Conferencia Episcopal Española, y que tiene sentido, según ha subrayado, porque vivimos «en un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista».

Retomando el ejemplo de santa Eulalia, mártir y copatrona de la archidiócesis de Barcelona, ha expresado el deseo de que todos sean «mártires, es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificio y renuncias».

«Como la virgen Eulalia y tantos otros mártires, queremos responder nuestro sí, dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a los superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre», ha añadido.

Antes de esta petición, el Pontífice ha hecho una reflexión sobre la Iglesia con dos imágenes: la esposa y el cuerpo.

La primera recuerda, ha dicho León XIV, que la Iglesia, rica en dones y carismas, es una esposa amada. Que Dios ha elegido en un acto de amor. Y, por tanto, ha animado a renovar «el propósito de caminar juntos, todos, fieles y pastores».

Sobre la segunda, el cuerpo, ha señalado la importancia de trabajar juntos, que no es una elección, sino «una necesidad» y un mensaje: «En la riqueza de los dones recibidos somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu, que es espíritu de comunión para la salvación de todos. Por tanto, es importante no permitir que nada destruye la unidad en la que Dios nos ha constituido hacia cuya plenitud nos conduce cada día».

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